La imperfección del terapeuta

Estimado lector:

El primer tema que quisiera abordar es ver al psicoterapeuta con su quehacer del día a día, que es el arte de la escucha. El terapeuta es el artista, el músico dedicado a tocar el “instrumento anímico” como Freud lo nombra (1904).

Como todo arte, primero se debe conocer la técnica, y solo después, la practica hará al maestro. Pero en la practica se cometen errores naturales inherentes a la imperfección del ser humano, es ahí donde va a radicar la perfección, en el conocimiento y aceptación de nuestra propia imperfección. Por lo tanto, el terapeuta no esta exento de esto, o ¿acaso Miguel Ángel consiguió esculpir al David en su primer acercamiento a la escultura? ¿Cuántos borradores hubo antes del “Claro de Luna” de Beethoven?

En el camino del psicoterapeuta pasa exactamente igual, sin embargo, eso no le resta la responsabilidad que conlleva esto, al contrario. Es natural que el terapeuta tenga tropiezos y más cuando se va iniciando en este camino de la escucha activa dinámica y curativa.



Uno de los errores más grandes que pueden tener los psicoterapeutas es el creerse “semidioses” como lo menciona Fortes (2009). Sentir que son los salvadores de todo aquel que se acerca a su mano salvadora omnipotente y misericordiosa, cuando no es así, debe tener presente siempre que el 90% del trabajo lo hacen los pacientes. Ellos son los que se confrontan, se afrontan y, lo más difícil desde el punto de vista de quien escribe, se enfrentan a sus problemas.

El paciente hace alarde de su posición de “paciente” a escarbarse por dentro en los rincones que más le duelen. El terapeuta solo toca el instrumento, el anímico.

Son muchos los autores que señalan los errores como psicoterapeuta. Habrá quienes señalen cosas muy precisas como Misch en su artículo Great Expectations (2000) que habla de las angustias o miedos que pueden llegar a experimentar cuando se comienza como psicoterapeuta, desde la idea errónea que si el paciente no mejora en poco tiempo es porque no se está haciendo correctamente el trabajo y por ende no es bueno para este oficio; hasta el punto de caer en el error de pensar que tiene el deber de saber y comprender todo lo que el paciente refiere sin el mayor esfuerzo (regresamos a párrafos arriba de caer en el creerse semidioses, omnipotentes).

Es responsabilidad del terapeuta estar en continuo proceso, tanto personal como profesional. Estar consciente de sus limitaciones de conocimiento, práctica y hasta de los de la personalidad. Si el paciente falla no es necesariamente porque el terapeuta falló, en el mismo sentido, si el paciente triunfa, no fue absolutamente por causa del terapeuta. La psicoterapia es la interacción del paciente consigo mismo, el terapeuta es el mediador, el artista que toca el instrumento.

Aunado a lo anterior también se debe tener presente cuidar y fomentar la alianza terapéutica (Sandler, 2001) ya que en gran medida depende de esta el éxito que se tenga en la psicoterapia. Me atrevo a decir, que es la parte medular de la terapia, si se logra una alianza terapéutica sana será siempre en beneficio del paciente ya que le permitirá a este que se abra para con el terapeuta como para el mismo. Por lo tanto, se debe ser sumamente honesto consigo mismo y con el paciente si es que en algún momento determinado no se logra establecer ni fomentar esta alianza, reitero, somos humanos, ¡humanos! es perfectamente válido y loable reconocer cuando no se “hace click” con algún paciente, somos seres en interacción y si no se puede llegar a establecer una alianza terapéutica será perjudicial tanto para el paciente como para el terapeuta y serán sesiones desgastante para ambos (Leff, Auron Zaltzman, Gomez Fonseca, & Perez Alarcon, 2009) esto solo provoca rigidez y estancamiento en el proceso del paciente, un impasse, (Rio, 2011)por lo que las resistencias de este se harán cada vez mas solidas, entorpeciendo el descubrimiento del análisis y por ende el insight.



Otro punto que se debe tener muy en cuenta es la prudencia, valor fundamental como psicoterapeutas, puesto que la herramienta de trabajo es la palabra. Se debe ser prudente con la manera, la forma, el tiempo y el momento en la que se expresa hacia el paciente; los análisis y las interpretaciones que le puede manifestar el terapeuta. El propio Freud (Sobre Psicoanalisis Silvestre, 1910) nos habla de la importancia de saber cómo, cuándo y qué decir, ya que señala que el paciente debe estar preparado para recibir las interpretaciones del analista. No se puede hablar sin cautela en las sesiones ya que es posible caer en el error de hacer que el paciente se sienta agredido y por lo tanto el espacio terapéutico deje de ser “seguro” para él.

Quisiera aclarar que las líneas de arriba no son escritas con el fin de eximir a los terapeutas de cualquier culpa, al contrario, es más bien un llamado a todos los que nos dedicamos a este oficio de estar siempre pendientes de lo que nos ocurre. El fin de este articulo es exaltar la responsabilidad que tenemos como terapeutas y que nos depositan los pacientes cada vez que entran al consultorio. Cada pensamiento, cada palabra, cada sentimiento que experimentamos debe ser a favor siempre del proceso psicoterapéutico. Nuestro servicio es el instrumento anímico de la escucha activa, de la dinámica del ser que se abre para ser sanado.

Cualquier comentario o duda que tenga, amable lector, le agradeceré que me lo haga llegar al correo psic.macevedog@gmail.com

Referencias

Leff, J. F., Auron Zaltzman, F., Gomez Fonseca, M. E., & Perez Alarcon, J. (2009). El terapeuta y sus errores; reflexiones sobre la terapia. Mexico: trillas.

Freud, S. (1904). Obras Completas, vol. VII, "Sobre Psicoterapia" . Viena: Amorrortu.

Freud, S. (1910). Sobre Psicoanalisis Silvestre. Viena: Amorrortu.

Misch, D. (2000). Great Expectations: Mistaken Beliefs on being psychodinamic psychotherapist. . American Journal of Psychotherapy, 172-197.

Rio, M. d. (2011). Proceso Terapéutico y Supervisión. GPU; Revista Universitaria , 77-84.

Sandler, J. (2001). El Paiente y el Analista. Buenos Aires : Paidos .

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