El inconveniente de Ser Racional

Una de las cualidades del ser humano es por antonomasia, la racionalidad y sus diversas habilidades para entender, reflexionar e intervenir en su realidad. Con esmero y osadía, nos hemos aferrado a la idea de superioridad sobre el resto de las otras especies que habitan el globo terráqueo. Pero ¿Es racional o inteligente que en el siglo V a.c. el ágora ateniense haya decidido condenar a muerte al hombre que fundó las bases de una Ética universal, cuyo legado es “conócete a ti mismo” y “el mal ser hace por ignorancia”? ¿O que en el siglo XVI hayan condenado a la hoguera al filósofo, matemático y poeta Giordano Bruno? ¿fue racional condenar a muerte al filósofo, teólogo y humanista Tomas Moro?

Si trasladamos esta reflexión a la interpretación de la historia, el panorama parece ser el mismo. El legado del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel coloca el dedo en la llaga, plantea que el inicio de la historia es el conflicto. La relación dialéctica entre siervo y señor establece las bases de la historia, porque a partir de esa dinámica germina el “desarrollo y progreso”. ¿Eso significa que estamos condenados al conflicto? El ser humano, después de 300.000 años (aproximadamente) que lleva habitando la tierra, no ha podido encontrar la mejor forma de vivir sin someter a vejaciones al otro y ser verdugo impecable. .



En este tenor, si pensamos en nuestro continente, el diagnóstico es más o menos el mismo ¿Es racional que en Chile, Argentina, Haití, Cuba, Colombia, Paraguay, Honduras, El Salvador, Ecuador, Republica Dominicana, Bolivia y Venezuela hayan sostenido regímenes dictatoriales? ¿Cómo se llegó a tanta crueldad y violencia?

El cuestionamiento de la racionalidad de la humanidad no es nuevo, desde luego. Pensadores como Schopenhauer, Nietzsche y Cioran focalizaron su atención en dicha cuestión. En este tenor una síntesis de sus pensamientos nos presenta a la razón como, una facultad instrumental. La razón es una facultad para hilar ideas y emitir juicios, pero no necesariamente opera con base en la Ética o la moral. A través de esta grieta se filtra una aparente contradicción: si pensamos a la razón como una facultad instrumental, la respuesta a los cuestionamientos anteriores es afirmativa.

La filósofa Hannah Arendt en su libro La banalidad del mal, relata el juicio de Adolf Eichmann, responsable logístico de los campos de concentración de la segunda guerra mundial (1939-1945). Para defenderse de las acusaciones imputadas, Eichmann argumentó, sin inmutarse: “sólo seguí órdenes”. Dicha respuesta queda registrada como una crítica a la razón instrumental - en un sentido Kantiano- donde lo único que hace el sujeto es evocarse al deber ser. Desde luego hay matices, podríamos realizar diversas defensas del “deber kantiano” pero de momento no me centraré en ello. Mi idea fundamental radica en mostrar a la razón como un instrumento ajeno a un discurso ético-moral; por ello, la respuesta a los primeros cuestionamientos que puse en mesa de debate resulta inquietante.



Arthur Schopenhauer sostenía que el móvil principal del ser humano era el deseo. Si pensamos en la lógica del capitalismo, nos daremos cuenta que opera a través del deseo, pues no basta con tener un teléfono móvil cuyas funciones son básicas: necesitamos el más reciente. Desde luego, dicha lógica ha sido un éxito y lo seguirá siendo por una simple y sencilla razón, el capitalismo estimula el egoísmo de las personas. Podemos interpretar esta simbiosis entre el sistema y el deseo como clave medular que permite nutrir y vitalizar dicho sistema.

Mas allá de la crítica Marxista al sistema capitalista, es importante subrayar que como bien observó Schopenhauer, la razón funge como esclava del deseo y el deseo no es otra cosa que el Ego; el ego que domina todo el tiempo y no permite que el ser humano sea feliz con nada. Pensemos en las relaciones humanas, los vínculos actuales se acentúan en dinámicas viciadas e inmundas donde domina el egoísmo y la individualidad. Una falsa idea de la libertad que aniquila el amor e impera la arrogancia del yo.

El amor se presenta como la imposición del yo o como indica la película El lado oscuro del corazón:

– ¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?--

El sentimiento que se supone reivindica y edifica al ser humano como un ser noble, se basa en el dominio y el poder. Quizá sea más efectivo colocarnos al nivel de cualquier otro ser vivo, después de todo, sólo somos una especie entre muchas otras, y hemos demostrado la incapacidad para vivir en paz y en armonía con el otro.

La propuesta del texto es apelar al registro que se tiene de la humanidad en el planeta. Parece que una pandemia a nivel mundial, el cambio climático, la contaminación y un largo etc. ha puesto en entredicho la superioridad o inteligencia humana. Quizá convenga comportarnos como otras especies que únicamente han tomado lo que necesitan de la naturaleza y no han devorado cual fieras insaciables y mezquinas todo lo que encuentran a su alcance, incluyendo a seres de su misma especie.

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