La sociedad de la ignorancia de Antoni Brey

Internet es el eje principal de manejo de la información en la actualidad a nivel mundial. Buscar, consultar, descargar y subir información a la red son actividades cotidianas que los usuarios realizan a través de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Formamos parte de las sociedades del conocimiento, como han sido denominadas las sociedades en la actualidad que cuentan con acceso a la información y que la UNESCO dice que deben basarse en cuatro pilares: “la libertad de expresión, el acceso universal a la información y al conocimiento, el respeto a la diversidad cultural y lingüística y la educación de calidad para todos”.

La libertad de conducirse en Internet es innegable, es posible para cualquiera acceder al conocimiento mediante las tecnologías, pero ¿realmente el contenido de la información que consumimos enriquece nuestro conocimiento y nos permite transformar esos contenidos en saberes que nos hacen ser mejores como sociedad y como individuos?

Tres ensayos conforman el conjunto La Sociedad de la Ignorancia y fue publicado en 2009. El primero escrito por Antoni Brey es el que lleva por título La Sociedad de la Ignorancia, Daniel Innerarity es el autor del segundo ensayo titulado La Sociedad del Desconocimiento y el tercero, La Sociedad de la Incultura, fue escrito por Gonçal Mayos. La Sociedad de la Ignorancia pertenece al proyecto La Segunda Edad Contemporánea.

Para introducirnos en este conjunto de ensayos, nos enfocaremos en el primero de ellos, La Sociedad de la Ignorancia de Antoni Brey, nacido en 1967 quien es ingeniero en Telecomunicaciones y posee el Diploma de Estudios Superiores de Física Teórica y ha sido miembro del Grupo de Información Cuántica del Instituto de Física de Altas Energías.



Brey nos relata al inicio de su ensayo la ocasión en que asistió como oyente a la asignatura de Relatividad General en la Universidad Autónoma de Barcelona. Contó cinco personas en el curso que tuvo cuatro meses de duración y ello lo atribuye al desinterés por materias complejas y abstractas, que, al estar poco relacionadas al mundo laboral, resultan poco atractivas al no ser pragmáticas para los fines sociales donde el conocimiento en sí mismo no es uno de ellos.

Para Brey, La sociedad del Conocimiento “no es más que una nueva etapa de un sistema capitalista de libre mercado que aspira a poder seguir creciendo gracias a la incorporación de un cuarto factor de producción, el conocimiento, al clásico trío formado por tierra, trabajo, capital”. El autor nos dice que la realidad actual sería el de una Sociedad de los saberes Productivos. Sin embargo, “cuando dedicamos un buen número de horas a inundar nuestro cerebro con información proveniente del televisor o internet” el conocimiento de bajo contenido reflexivo incrementa, como también lo hace el conocimiento altamente especializado y el necesario para desarrollar actividades tecnológicamente complejas.

Brey califica a la Sociedad del conocimiento de utopía haciendo referencia a lo que Gilles Lipovetsky denominó “Tiempos Hipermodernos” y que Brey llama “Tiempos Exponenciales”, en los cuales podemos saber todo tipo de cosas como las que habitualmente se consultan en internet como el clima en cualquier región del planeta, letras de canciones y especificaciones técnicas de todo tipo a una velocidad que nos proporciona la información en segundos, lo cual en “lugar de permitirnos componer una visión cada vez más completa del mundo… a menudo nos lo muestra más caótico y desconcertante que nunca”, dado que nunca alcanzaremos a abarcar esta realidad compleja.

Las limitaciones biológicas del ser humano hacen de esta realidad inaprensible, como ocurrió con la imprenta al permitir la acumulación de información de conocimiento en las bibliotecas en libros que no podrían leerse en toda una vida por un individuo, sin embargo, las tecnologías actuales hacen que este crecimiento de la disponibilidad de la información se desborde de nuestra capacidad de aprehenderlas, resultando en el paradójico concepto de Sociedad del Conocimiento, donde las herramientas de comunicación permitirían derribar obstáculos concernientes al espacio y el tiempo, lo cual se ha logrado en cuanto a la comunicación pero no a la profundidad de sus contenidos.

Brey emplea el término que acuñaron otros autores, infoxicación, para referirse a la acumulación exponencial de información, “una dificultad creciente para discriminar lo importante de lo superfluo y para seleccionar fuentes fiables de información”. Para el autor, ello desemboca en el surgimiento de “una renuncia al conocimiento por desmotivación, rendición, y una tendencia a aceptar de forma tácita la comodidad que nos proporcionan las visiones tópicas prefabricadas. Una falta de capacidad crítica, al fin y al cabo, que no es más que otra cara de nuestra creciente ignorancia”.



Las teorías de McLuhan son retomadas por Brey para mostrarnos los medios de comunicación como herramientas de acceso a la información que en el caso de los medios audiovisuales proporcionan entretenimiento con dificultades para soportar “argumentos racionales y reflexiones intelectuales de cierta profundidad”, respecto a los medios en formato impreso.

Las reflexiones de Brey se concentran en el hecho de la existencia de una generación donde los conocimientos especializados han hecho surgir niños prodigios y eficientes ejecutivos, pero también proliferan quienes son incapaces de concentrarse en un texto “de más de cuatro páginas”, donde la tendencia a cortar y pegar impera en los estudiantes y crea un creciente analfabetismo funcional.

El crecimiento exponencial de la información, para Brey, crea nuevas formas de ansiedad, sumerge en la dispersión y priva de la serenidad de los reductos de soledad, según el autor, ello puede verse en la necesidad que prevalece de mantenerse en contacto virtual todo el tiempo, donde los usuarios pueden permanecer en la virtualidad de estos espacios donde encuentran una realidad más confortable para su personalidad.

Brey encuentra en su análisis que la mercantilización del conocimiento crea esclavos productivos, quienes fuera de su especialidad, pasan a formar parte de la categoría de masa. Además de que el conocimiento no se está haciendo llegar a la mayoría, sino que las especializaciones de los expertos en saberes productivos, como Brey los llama, crea nuevas divisiones sociales, alejándonos del ideal de la Sociedad del Conocimiento.

Pueden revisarse estadísticas acerca de lo que más se consulta en Internet para constatar la teoría de Brey sobre que estamos siendo en mayor medida parte de una sociedad de la ignorancia más que de una sociedad provista de conocimiento, un ejemplo claro es el dominio de las páginas pornográficas que tienen mayor presencia en la red, o el uso de las redes sociales donde el contenido es, en palabras de Brey, de bajo contenido reflexivo.

La idea de realizar este texto es más una invitación a conocer las ideas de Brey y de quienes conforman el proyecto Segunda Edad Contemporánea, más que intentar decir que el uso de la tecnología es malo o bueno. Reflexionar sobre el uso de estas tecnologías y los beneficios que de ellas podemos extraer puede conducir a análisis críticos sobre los contenidos que consumimos diariamente en la red. La influencia que la televisión tuvo y que autores como Sartori evidenciaron al observar una sociedad que no reflexionaba sobre los audiovisuales a los que se encontraba expuesto en la sala o habitación de su hogar y que llenaban su cerebro de información manipulada por los medios con fines propagandísticos y publicitarios es similar a lo que ocurre con las denominadas Fake News, y la manera en que se emplean las redes sociales donde se pasa de un post a otro, a veces durante horas, leyendo encabezados de noticias sin leer los artículos ni verificar la veracidad de las fuentes, frases descontextualizadas de filósofos y escritores famosos y observando las actividades cotidianas de los contactos que se tienen en las redes como lo que comieron o bebieron o a donde fueron el fin de semana y si están en una relación sentimental, si no lo están, si sufren o gozan por ello o si quieren mucho a su perro o si asistieron a una sala del cine a mirar el Blockbuster del mes.

La tecnología no ha sido la herramienta o instrumento que conduzca al conocimiento que genere saberes a todos los miembros de la sociedad, muchas veces, la paradoja se encuentra en que esta tecnología aleja a sus usuarios de dichos conocimientos, aportando contenido que conduce a la ignorancia y ausencia de capacidad crítica y creando procesos adictivos como los diseños de las redes sociales y las páginas pornográficas que pueden generar lo que Brey menciona como nuevas formas de ansiedad, derivadas de conductas similares a las que presentan los adictos a sustancias químicas, resulta evidente al ver el entorno en que cualquiera se desenvuelve donde todos miran su celular y podemos pensar en cuantas horas pasará haciendo lo mismo y cuanto de ese tiempo destinará la mayoría de esos individuos a obtener conocimiento, generar saberes que proporcionen beneficios a su persona y a la sociedad.

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