Poemas Dominicales

No digo que no me duela

No digo que no me duela, mirar al niño de la cabeza chica que vende paletas,
no puedo decir que no me duela sentir furia en las mañanas porque la furia se contagia,
no digo que no me de tristeza, estar en este mundo que, a pesar de todo, varias alegrías me ha dado,
no digo que no sufra, como los otros, a los que miro profundamente hasta que con su mirada alejan la mía,
no digo que no me consuelo al saber que algún día ya no estaré aquí y todo habrá terminado,
no digo nada, porque prefiero hacer eso que decir mentiras, yo no digo nada, y así puedo estar por días, triste al fin, quién sabe a dónde mirando
no digo nada, porque no quiero decir nada, porque no debo, porque no me place, porque muy bien sé que soy la desgracia a la que miro de reojo, que no me sorprende, que me perturba y por eso no digo nada…

Hace más una piedra que un hombre

Hace más una piedra que un hombre.
La vida es tierra blanca que el agua de mar arrastra,
solo la piedra fija al horizonte inmenso cansa.
La eternidad es vestido de buena labranza,
el hombre pequeño ante ella se abalanza,
espiral henchida sin ningún refugio,
solo en versos inútiles y en amor infame el hombre se acompaña.
Todo pasa encima de la piedra, y no hay fuerza que seda
la intensidad vehemente de su cruel batalla,
que, como la risa, en algún momento estalla.
Sí, hace más la piedra, pues a lo más el hombre,
intenta creer, que el alma y la vida llevan la misma distancia.

Ser un perro.

Sacarme el alimento de la boca,
mirar a través del ventanal, cruzar la calle,
zoomorfizarme, ser un perro,
sentir el dolor completo, el odio del mundo,
desear una caricia cuando hay una patada,
ventisca, ni el aire ni la lluvia me atrapan ...
Ir en manada por la calle:
eterno mundo sentir hambre,
chillar y no saber...
Amar, ladrar, ser un animal ¡jajá!,
un grito, una paliza, ¡Espérenme manada!
ser un perro que ladra, de todos el más fuerte y de costillas marcadas,
coraje entre dientes, sentir el odio del mundo como balde de agua,
sentir completo el vacío, abismo en el alma,
dejar del lado el ansia,
sentirme libre, sin mente y con un ladrido,
desear una caricia, solo una caricia,
perder el hambre y que finalmente un auto me arroje lejos,
zoomorfizarme, pegado al pavimento,
ser un fragmento de indiferencia helada,
sentir completo el odio del mundo como balde de agua,
sufrir sin saber qué es eso,
vivir junto a la manada.



Ofrenda

Tu mundo es ahora de los muertos,
como una roca en lo profundo del mar te ahogarán tus recuerdos,
ilustres e incontables aparecerán tus días.
Envuelto el suelo de guirnaldas
no conocerás en tierra el engaño absurdo del tiempo,
y no habrá música que ilumine al silencio, ni conmemoración que reavive su recuerdo,
tu tiempo pertenece ahora a tu madre, a tu primo, a tus abuelos,
a tus tíos y a tu perro, que ladra triste en el cielo.
El éxito de un suicida tiene su origen en el momento que la vida le importa un carajo,
la inmensidad será recuerdo,
tú dolor serán calambres.
Si algún día tuviste un sentido será el mismo que se lleve el aire,
la enorme loza que anuncia
sombras, ruinas y una gran catástrofe,
se inundará impúdica cualquier sonrisa.
Desde el principio ahí habías estado,
con la gran diferencia que al miedo has hecho hielo,
un hielo que paraliza las manos.
Tu mundo ya no te pertenece,
el claro sol que sorprende porque acaba con lo nublado
te lo ha arrebatado, cuál hermosa dialéctica vehemente de asalto.

A la hora de comer

Qué felicidad se asoma en esta hora,
no existe el absurdo trabajo, las sonrisas no engañan,
al parecer la alegría sí existe,
las conversaciones no son severas,
el humo es espasmo y huele a carne quemada,
el sol quema y las máquinas arrojan dinero y eso da tranquilidad,
habrá que volver algún día,
el destino camina ¿alguien sabe hasta dónde?
Los miro a todos y veo... no, ¡esperen!, no veo nada, no quiero ver nada, solo quiero pensar que como probablemente el destino, también la felicidad existe.

A un Niño

Niño, no dejes de sonreír,
sal de entre los árboles,
ya no te escondas,
¡no corras niño!, recuerda que como Santiago el pequeño
no morirás del golpe en la cabeza sino por tu necia insistencia,
levanta la cara, ya no hay dulces,
no mires a los adultos.
Ten cuidado que el viejo Piaget te está observando,
recobra las fuerzas niño, mira al horizonte.
No crezcas niño, eso no significa nada,
las aves vuelan de un tajo al parecer sin retorno fijo,
no pierdas la calma, escucha,
un berrinche igual que al aire solo lo rompe el cielo,
niño tú eres el trueno, luz del cielo.
Niño dónde has estado todo este tiempo,
como te dije no te escondas, no tengas miedo, no hay monstruos en el medio,
niño, no huyas, ven a jugar y si corres…
Que sea solo por la prisa al saber que tú madre te va abrazar.

Manifiesto a mi verdadera patria

Si la patria es institución, maldigo la hora en verla nacer, pero si la patria es un pueblo, me uno
hermanos a ustedes y a su barco que naufraga en un mar de sangre...



Un día de agosto escrito

Mañana de viernes,
apurada agitación,
la tarde bochorno y calma, huela a descanso,
noche lluviosa,
está escrito que en agosto
descansa el día de todos nosotros bajo un cielo lluvioso…

A los sensatos

Pobres los sensatos al tener que convivir con los imprudentes,
aguantar el grito constante de sus cohetes,
esquivar los disparos de su contradicción,
lo vulgar de su hablar fuerte y altisonante
abarcador de espacios,
pobres, pero es cierto,
que entre ellos se reconoce,
que puede existir el fino brillo
entre lo más profundo de la penumbra.

Era Domingo

También alguna vez hice la paz con los hombres,
fui noble sin pensarlo, miraba la vitrina,
era el hombre,
preguntaba por primera vez qué le ha pasado,
sentía por primera vez la empatía,
era domingo y su imagen perturbaba mi alegría.
¿Y la paz, y los saludos, dónde estaba el sol del día?
De repente la palabra se extendía,
escuchaba y escuchaba, pero nada se entendía.
En sueños, el hombre de aquel domingo al oído me decía:
“era yo esa persona, y te recuerdo que hubo un día
donde siempre sonreías y disfrutabas la vida, dabas la mano a las personas
que también te sonreían,
es domingo y si escombras, en tu alma aún existe la dicha y la alegría”.

Quizás te pueda gustar

Deja un comentario