Novalis

Biografía

El nombre con el que se hizo popular el poeta y literato fue Novalis, pero su nombre real era Georg Philipp Friedrich von Hardenberg. Novalis nació en el seno de una familia perteneciente a la nobleza el 2 de mayo de 1772. Su familia tiene un linaje que fue rastrado como barones sajones desde Novalis hasta el siglo XII sin saltos o detalles inciertos.

La infancia de Novalis transcurrió principalmente una pequeña comunidad, Wiederstedt, donde permaneció hasta los 12 años cuando su padre fue nombrado director de las salinas de Dürrenberg y se mudaron a la localidad de Weißenfels. Durante estos primeros años, Novalis fue educado en casa con tutores personales. Fue hasta 1790 que acudió a recibir formación en retórica y cultura clásica en la ciudad de Eisleben. Y en ese mismo año inició sus estudios en Derecho en la Universidad de Jena. En esa universidad conoció a Friedrich Schiller. Sin embargo tenía dudas sobre su destino y no terminó sus estudios de Jena, se fue a la Universidad de Leipzig de la cual también claudicó y se matriculó en la Universidad de Wittenberg donde terminó sus estudios finalmente en 1794.



Al terminar sus estudios ingresó como funcionario público, durante ese periodo conoció a su prometida Sophie von Kühn. La salud de Sophie siempre fue frágil, y a pesar de las descripciones hechas por el mismo Novalis y la mitificación de su relación entorno a un amor ultraterreno que dejó marcado al joven poeta y lo arrastró a la muerte se van a demostrar posteriormente por su trabajo que la figura del joven atormentado por la muerte de su amada fue un mito del romanticismo. Sophie murió en 1797 y la obra que marcó del poeta son los famosos Himnos de la noche y Heinrich von Ofterdingen (Enrique de Ofterdingen). Que son obras capitales en el romanticismo alemán.

En su vida profesional Novalis siguió trabajando en sus textos filosóficos, realizó unos estudios sobre Fichte con el que mantuvo entrevistas junto con otro gran poeta Hölderlin.

En 1797 fue un periodo productivo para Novalis, siguió con sus estudios y la publicación de varios de sus poemas y ensayos de novela como son Polen, Los discípulos en Sais y Fe y amor. A la par de su éxito profesional inició un nuevo noviazgo con la noble Julie von Charpentier.

En 1799 empezó su último proceso productivo, terminó sus estudios en Freiberg y fue ascendido a asesor de inspección en las minas de sal. A la par de su trabajo burocrático comenzó con su la novela Enrique de Ofterdingen que debido a su muerte quedaría inconclusa.

A partir de 1800 su salud empezó a decaer, desde niño había sufrido de problemas respiratorios pero fue en 1801 que le sobrevino una hemorragia pulmonar a causa de la tuberculosis y murió en presencia de sus seres queridos el 25 de marzo de 1801.

Obras

• Fragmentos
• Gérmenes o Fragmentos
• Diario íntimo / Himnos a la noche / Canciones espirituales / Cartas
• Los fragmentos, seguidos de Los discípulos en Sais
• Enrique de Ofterdingen
• Himnos a la noche / Cantos espirituales
• Himnos a la noche y otras composiciones.
• La Enciclopedia
• La Cristiandad o Europa, seguido de Fragmentos (selección)
• Escritos escogidos
• Granos de polen
• Los discípulos en Sais
• Fe y amor o El rey y la reina. Aforismos políticos.
• Poesías completas
• Canciones espirituales
• Estudios sobre Fichte y otros escritos cristiandad o Europa.
• La cristiandad o Europa
• Poemas tardíos.
• Gérmenes o fragmentos.

Frases

1. En todas partes buscar lo absoluto, y siempre encontramos sólo cosas.
2. El espíritu de Dios flota sobre las aguas y una isla celestial se hará visible primero cual morada de los nuevos hombres, cual cuenca de la vida eterna sobre las olas que refluyen.
3. Todo recuerdo es melancólico, y toda esperanza, alegre.
4. Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol; no vaya a ser la sombra de un pigmeo.
5. El hombre es un sol y sus sentidos son los planetas.
6. Soñamos con viajes por todo el universo: ¿el universo no está dentro de nosotros?
7. El poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros.
8. Evoluciones progresivas que crecen cada vez más, son la materia de la historia.
9. Una verdadera anarquía es el elemento generador de la religión. De la destrucción de todo lo posible, levanta ésta su gloriosa cabeza cual nueva creadora del mundo.
10. Tengamos tan sólo paciencia, vendrá, tiene que venir, el tiempo sagrado de la paz perpetua, en que la nueva Jerusalén será la capital del mundo; y hasta entonces sean alegres y animosos en los peligros del tiempo, compañeros de mi fe, anuncien con la palabra y las obras el Evangelio divino y permanezcan fieles a la fe verdadera e infinita hasta la muerte.
11. Todo objeto amado es el punto central de un paraíso.
12. Lo que ahora no alcanza la perfección, la alcanzará en un intento posterior o reiterado; nada de lo que abrazó la historia es pasajero, y a través de transformaciones innumerables renace de nuevo en formas siempre más ricas.
13. La libertad es el gran espejo mágico donde toda la creación pura y cristalina se refleja; en ella se abisman los espíritus tiernos y las formas de la naturaleza entera.
14. El camino misterioso va hacia el interior. Es en nosotros, y no en otra parte, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.
15. Amigos, el suelo es pobre, hay que sembrar semillas en abundancia para poder obtener cosechas modestas...

Algunos poemas de Novalis

Himnos a la noche 1

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama,
por encima de todas las maravillas del espacio que lo envuelve,
a la que todo lo alegra, la Luz
–con sus colores, sus rayos y sus ondas; su dulce omnipresencia–,
cuando ella es el alba que despunta?
Como el más profundo aliento de la vida
la respira el mundo gigantesco de los astros,
que flotan, en danza sin reposo, por sus mares azules,
la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo,
la respira la planta, meditativa, sorbiendo la vida de la Tierra,
y el salvaje y ardiente animal multiforme,
pero, más que todos ellos, la respira el egregio Extranjero,
de ojos pensativos y andar flotante,
de labios dulcemente cerrados y llenos de música.
Lo mismo que un rey de la Naturaleza terrestre,
la Luz concita todas las fuerzas a cambios innúmeros,
ata y desata vínculos sin fin, envuelve todo ser de la Tierra con su imagen celeste.
Su sola presencia abre la maravilla de los imperios del mundo.
Pero me vuelvo hacia el valle,
a la sacra, indecible, misteriosa Noche.
Lejos yace el mundo –sumido en una profunda gruta–
desierta y solitaria es su estancia.
Por las cuerdas del pecho sopla profunda tristeza.
En gotas de rocío quiero hundirme y mezclarme con la ceniza.
–Lejanías del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la niñez,
breves alegrías de una larga vida,
vanas esperanzas se acercan en grises ropajes,
como niebla del atardecer tras la puesta del Sol–.
En otros espacios abrió la Luz sus bulliciosas tiendas.
¿No tenía que volver con sus hijos,
con los que esperaban su retorno con la fe de la inocencia?
¿Qué es lo que, de repente, tan lleno de presagios, brota
en el fondo del corazón y sorbe la brisa suave de la melancolía?
¿Te complaces también en nosotros, Noche obscura?
¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que, con fuerza invisible, toca mi alma?
Un bálsamo precioso destila de tu mano,
como de un haz de adormideras.
Por ti levantan el vuelo las pesadas alas del espíritu.
Obscuramente, inefablemente nos sentimos movidos
–alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave,
un rostro que dulce y piadoso se inclina hacia mí,
y, entre la infinita maraña de sus rizos,
reconozco la dulce juventud de la Madre–.
¡Qué pobre y pequeña me parece ahora la Luz!
¡Qué alegre y bendita la despedida del día!
Así, sólo porque la Noche aleja de ti a tus servidores,
por esto sólo sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas,
para que pregonaran tu omnipotencia –tu regreso– durante el tiempo de tu ausencia.
Más celestes que aquellas centelleantes estrellas
nos parecen los ojos infinitos que abrió la Noche en nosotros.
Más lejos ven ellos que los ojos blancos y pálidos de aquellos incontables ejércitos
–sin necesitar la Luz,
ellos penetran las honduras de un espíritu que ama–
y esto llena de indecible delicia un espacio más alto.
Gloria a la Reina del mundo,
a la gran anunciadora de Universos sagrados,
a la tuteladora del Amor dichoso
–ella te envía hacia mí, tierna amada, dulce y amable Sol de la Noche–
ahora permanezco despierto
–porque soy Tuyo y soy Mío *–
tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida
–tú me has hecho hombre–
que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,
que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente
y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas.

Antaño

Antaño,
cuando yo derramaba amargas lágrimas;
cuando, disuelto en dolor, se desvanecía mi esperanza;
cuando estaba en la estéril colina,
que, en angosto y obscuro lugar albergaba la imagen de mí
–solo, como jamás estuvo nunca un solitario,
hostigado por un miedo indecible–
sin fuerzas, pensamiento de la miseria sólo.
Cuando entonces buscaba auxilio por un lado y por otro
–avanzar no podía, retroceder tampoco–
y un anhelo infinito me ataba a la vida apagada que huía:
entonces, de horizontes lejanos azules
–de las cimas de mi antigua beatitud–,
llegó un escalofrío de crepúsculo,
y, de repente, se rompió el vínculo del nacimiento,
se rompieron las cadenas de la Luz.
Huyó la maravilla de la Tierra, y huyó con ella mi tristeza
–la melancolía se fundió en un mundo nuevo, insondable
ebriedad de la Noche, Sueño del Cielo–,
tú viniste sobre mí
el paisaje se fue levantando dulcemente;
sobre el paisaje, suspendido en el aire, flotaba mi espíritu,
libre de ataduras, nacido de nuevo.
En nube de polvo se convirtió la colina,
a través de la nube vi los rasgos glorificados de la Amada
–en sus ojos descansaba la eternidad–.
Cogí sus manos. y las lágrimas se hicieron un vínculo
centelleante, indestructible.
Pasaron milenios huyendo a la lejanía, como huracanes.
Apoyado en su hombro lloré;
lloré lágrimas de encanto para la nueva vida.
–Fue el primero, el único Sueño.–
Y desde entonces,
desde entonces sólo,
siento una fe eterna. una inmutable confianza en el Cielo de la Noche,
y en la Luz de este Cielo: la Amada.

Marcha el poeta por ásperos caminos

Marcha el poeta por ásperos caminos
y los espinos rasgan su ropaje.
Tiene que atravesar ríos y ciénagas
y nadie le tiende una mano amiga.
Solo y perdido, empiezan a brotar
las quejas de su corazón cansado.
Apenas puede sostener la lira,
un profundo dolor le ha derribado.
«Un triste destino me ha empujado
a vagar por el mundo, abandonado.
Traigo a todos la ilusión y la paz,
pero nadie las quiere compartir conmigo.
Cada cual con su vida y con sus cosas,
ve cómo aumenta, al verme, su alegría.
Echan entonces una limosna triste
y rechazan las súplicas del corazón.
Me dejan ir, indolentes,
como ven las primaveras:
al alejarme afligido,
mi pena y dolor ignoran.
Exigen luego los frutos
sin saber quién ha sembrado.
Hago versos sobre el Cielo
y nadie reza por mí.
Agradecido percibo
poder mágico en mis labios.
Oh si el amor me llegara
como una atadura mágica.
Nadie se ocupa de un pobre
forastero e indigente.
¿Qué corazón va a apiadarse?
¿Quién me libra de la pena?
En la hierba se ha arrojado
y se duerme entre sollozos.
La sublime voz del canto
llena su pecho oprimido:
«Olvida lo que has sufrido,
se va a aligerar tu carga:
lo que por chozas buscabas
en un palacio se encuentra.
Se acerca la recompensa,
tu caminar se termina.
El laurel se hará corona
que una mano fiel te imponga.
A un corazón armonioso
lo llaman a gloria y trono.
Y al poeta, fatigado,
lo nombran hijo del rey».

El Secreto del Amor

El secreto del amor
Bien pocos lo saben;
Sienten una sed eterna
Y sienten hambre insaciable.
La Eucaristía es un extraño enigma
A los sentidos mortales.
Pero aquel que de unos labios
Cálidos, amantes,
De la vida el hálito, sorbido
Hubiere alguna vez; aquel que sabe
Cómo las brasas divinas
Al corazón del amante
Funden y derriten
El oleadas palpitantes;
Aquel que su honda mirada
Hacia los cielos levante
Y haya alguna vez sondeado
Las sacras profundidades,
Comerá de su cuerpo,
Beberá de su sangre
Eternamente
¿Quién del cuerpo terreno ha descifrado
El gran sentido inefable?
¿Quién decir podría
Que entiende lo que es la sangre?
Un tiempo todo era cuerpo,
– Un Cuerpo –; flotaban
En sangre celeste
Los venturosos amantes.
¡Oh, si de repente
Enrojecieran los mares!
¡Oh, si la carne olorosa
En los peñascos brotase! …
Nunca terminarás, dulce convite.
Oh, amor, no dirás nunca bastante.
La intimidad más perfecta
Con que al amado poseerá el amante
Honda bastante no es nunca,
Ni al deseo infinito satisface.
Por siempre más, dulces labios
Sentirás lo gozado transformarse
En algo siempre más íntimo.
Algo que más se adentra a cada instante.
Voluptad, a cada paso más ardiente,
Toda el alma invade.
Más sediento, más hambriento
Siéntese el corazón que de amor late:
Y, por eternidad de eternidad,
El placer del amor vive y renace.
Si pudiesen gustar los hombres sobrios
Deleite tan grande,
Todo olvidarían,
Vendrían con nosotros a sentarse
A esta mesa del infinito anhelo
Que nunca vacía verán las edades
Reconocieran del amor entonces
La plenitud inagotable.
Y entonarían himnos al convite
Del cuerpo y la sangre.

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