Nietzsche y El Origen de la Tragedia

EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA

Friedrich Wilhelm Nietzsche fue un hombre férreo, crítico, contundente, provocador y por ello no puede pasar desapercibido en la historia de las ideas. Cuando pensamos en él aparecen una serie de términos; voluntad de poder, superhombre, nihilismo, eterno retorno, transmutación de valores, vitalismo etcétera.

Es importante subrayar que el vitalismo destaca el ímpetu y frenesí por la vida. Nietzsche es por antonomasia el filósofo vitalista. La vida se goza aquí y ahora, no en un paraíso cuya promesa es incierta. Para él la vida era una fiesta. Celebrarla era primordial, por ello detestaba a los cristianos − ¡negadores de vida! −les decía. Los cristianos niegan los placeres humanos y la dicha que se obtiene de ellos. Esta crítica la llevó hasta las últimas consecuencias y no sólo reside en la religión sino también en la filosofía Platónica.



El germen de su crítica en torno al pensamiento Platónico se halla en una obra llamada El nacimiento de la tragedia. Si bien esta obra claramente alude al arte, guarda un vínculo con el ámbito moral, más adelante explicaré porqué.

El nacimiento de la tragedia es un escrito de juventud. La obra se remonta en la mitología griega, particularmente en la época arcaica y posteriormente en la época clásica. El autor destaca dos deidades que marcaran el eje de su pensamiento: Dioniso y Apolo. El primero es el dios del éxtasis, sexo, desenfreno, impulso vital, danza y embriaguez; el segundo es el dios de la claridad, razón, equilibrio, mesura y belleza. Mediante estas dos deidades la cultura griega mantiene una idea vital y afirmativa de la existencia.

Lo apolíneo y lo dionisiaco son potencias artísticas que se corresponden naturalmente. Nietzsche apela a la idea del velo de Maya descrita por Arthur Schopenhauer en su obra El mundo como voluntad y representación. Schopenhauer describe el velo de Maya de la siguiente manera:

Sin embargo, el conocimiento del individuo como tal,
surgido para servir a la voluntad, no concibe el mundo tal
y como se le revela al auténtico indagador, o sea, como
la objetividad de la voluntad de vivir que constituye una
sola cosa con él. La mirada del individuo elemental esta
enturbiada, como dicen los hindúes, por el velo de Maya.
En vez de la cosa en sí, no veo sino el fenómeno en el tiempo y en espacio, en el
principium individuationis, y en
las otras configuraciones del principio de la razón.
Debido a esta su forma limitada de conocimiento, no ve
la esencia de las cosas, que es una, sino sus fenómenos
aislados, aparte unos de otros, incontables, dispares e
incluso contrapuestos. (Schopenhauer: 2010.p 403)

Esto significa que el velo de Maya cubre nuestros sentidos y crea una “realidad” pero es aparente. Así mismo, el principium individuationis o <> es la facultad que permite percibir la unidad de cada objeto separado del resto de los entes. Es decir, gracias a tal principio sabemos que un objeto es distinto de otro.

En este sentido, Nietzsche alude a la idea del velo de Maya para explicar que lo apolíneo y lo dionisiaco no son conceptos separados, la razón que nos lleva a pensar que son términos aislados es el principium individuationis. El velo de Maya es la ilusión de la percepción de la realidad inundada del principio de individuación. En consecuencia, lo apolíneo y lo dionisiaco son unidad y no antítesis.

En este sentido, la acepción de Calderón de la Barca en La vida es sueño apunta a lo que dice Nietzsche.

Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

El soliloquio anterior diluye la línea entre la vida y el sueño. La vida es vigilia pero también es imagen onírica. Durante la celebración dionisiaca se desvanece el velo de Maya. La unión de ambas fuerzas estalla a través de la música que estimula la danza y cada miembro se entrega al éxtasis de la festividad. La cumbre de la cultura griega se halla en este momento, en la desgarradura del velo de Maya y el principio de individuación de los valores Apolíneos.

No obstante, algo malo tenía que pasar. La esfinge se encarna en dos hombres cuyo nombre Nietzsche no va a dejar de evocar: Eurípides y Esquilo. Este mal presagio lo explica a través de una leyenda.

Se cuenta que Sileno vivía en el bosque y era el fiel acompañante del joven Dioniso, por tanto osaba de beber toda vez que se presentaba la oportunidad. El rey Midas, quería capturarlo y por ello lo acechaba pertinazmente. Un día envió a unos sirvientes con suficiente vino para emborracharlo y así logró capturarlo. Una vez que lo tuvo enfrente lo asedio para preguntarle ¿qué es lo más conveniente para los seres humanos? Sileno no pronunció palabra alguna, sus labios fueron sellados por el silencio pero el rey Midas insistió hasta que finalmente, con sonrisa burlona le dijo –Miserable criatura ¿por qué demandas saber algo que sería muy conveniente ignorar? Lo mejor para ti es no haber nacido, no ser y no existir. Lo mejor que te puede ocurrir en todo caso, es morir pronto.

A raíz de lo anterior el hombre griego conoció el terror de vivir. Aparece entonces la figura de las Moiras (el destino). Fue cuando asomó el ave de rapiña; Prometeo, Edipo y Orestes. La vida alegre dionisiaca y apolínea se hunde en el infortunio y el horror.

En este tenor, los valores apolíneos cobran protagonismo bajo el principio de individuación cuyo fin es segregar, separar y dividir. El rechazo de Nietzsche por la nueva tragedia ática se explica en términos técnicos y de contenido. O al menos así lo juzgo. A razón de lo siguiente.

La ruptura de lo apolíneo con lo dionisiaco supone que la vida únicamente es vigilia, no es ya un sueño como lo declara el soliloquio de Calderón de la Barca ¿quién está detrás de tal segregación? La respuesta es Sócrates, el padre de la Ética, un hombre sin huella, sin textos escritos, pero sí con un legado. El ícono de la filosofía que glorifica la racionalidad y la eternidad del alma.

Para Sócrates el conocimiento es tripartito; Fortaleza, es la tolerancia al dolor; autodominio, capacidad de reprimir los deseos; autosuficiencia, capacidad de cubrir las propias necesidades. La vida del filósofo griego se rige bajo esta concepción del conocimiento.

Para el autor de El nacimiento de la tragedia Sócrates es por antonomasia el filósofo mártir que ensalza la idea de la muerte. En Apología de Sócrates escrita por Platón dice: Sócrates: […] La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto no es nada ni tiene sensación de nada, o bien, según se dice, la muerte es precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de este lugar de aquí a otro lugar. Si es una ausencia de sensación y un sueño, como se duerme sin soñar, la muerte sería una ganancia maravillosa. (Platón. 2010. p 29)

Es pertinente preguntar, por qué Sócrates incide en la tragedia y cómo lo hace. Pues bien, son tres los célebres dramaturgos clásico; Sófocles, Esquilo y Eurípides. Nietzsche critica a los tres, no obstante a Eurípides le debemos la ruina de la cosmovisión que poseían los griegos, descrita en párrafos anteriores. Las principales obras de Eurípides son; Alcestis, Andrómaca, Las bacantes, Electra, Los Heraclidas, Heracles, Las suplicantes, Hipólito, Ifigenia en Áulide, Ifigenia entre los tauros, Ion, Medea, Orestes y las Troyanas. Nietzsche menciona en especial la tragedia de Orestes, no obstante el meollo del asunto no radica en esa obra en particular, sino en la mínima participación del coro en la obra del poeta. ¿Por qué es tan grave para Nietzsche este hecho?

Para entenderlo explicaré qué función desempeña el coro en la lírica y luego en la tragedia. La lírica griega a diferencia de la lírica romana se caracteriza porque fue diseñada para ser cantada. Se expresa a través del canto, guardaba un vínculo muy estrecho con la danza y el culto religioso. En subgéneros como la monódica, el coro sólo danzaba porque había un solista dedicado a cantar y el rito era alentado por el.

Por otro lado, como bien sabemos Corifeo encabezaba el coro en la tragedia griega. El coro en la tragedia marcaba el eje de la obra y era parte de la danza, culto a Dioniso. En este punto de la reflexión el lector ya puede inferir la conclusión. Eurípides reduce la participación del coro en su obra, esto supone la aniquilación de la naturaleza dionisiaca y con ello el espíritu dancístico, festivo, vital característico de la cosmovisión griega.

Hasta ahora expliqué en términos de estructura por qué Nietzsche rechaza a Eurípides, falta agregar por qué lo rechaza en términos de contenido como lo sugerí con antelación. No demoro en trazar la respuesta. Eurípides era amigo de Sócrates e influyo en los contenidos de la obra del dramaturgo griego. Como ya explique anteriormente, su filosofía se basa en priorizar el conocimiento racional sobre el deseo, lo irracional y el cuerpo. Ahora sólo falta agregar que Sócrates era maestro de Platón y sólo sabemos de Sócrates por él pues no escribió nada, en este sentido Platón adopta la filosofía de su maestro, por lo tanto Nietzsche va a criticar ambos por haber sembrado el germen del desprecio por la vida y la adulación de un mundo racional desprovisto del espíritu dionisiaco.

Bibliografía consultada:

Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación. Volumen I, Gredos, Madrid, 2010.

Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, El caminante y su sombra, La ciencia Jovial, Gredos, Madrid, 2014.

Manuel Cruz, Nietzsche: El superhombre y la voluntad de poder. Bonalletra Alcompas. Madrid. 2015.

Platón, Apología de Sócrates, Critón, Eutifron, Ion, Lísis, Cármides, Hipias Menor, Hipas Mayor, Laques, Prótagoras, Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo, Fedón, Banquete, Fedro. Gredos. Madrid. 2010.

Tomado de internet el 17 de Abril del 2020. Disponible en la página Web:
https://www.culturagenial.com/es/la-vida-es-sueno-de-pedro-calderon-de-la-barca/

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