Miles de ojos

I

Al principio pocos lo creyeron, pues afirmarlo públicamente habría significado el ostracismo por tratarse de algo demasiado fantasioso y grotesco para las mentes materialistas de nuestros tiempos, cuya capacidad de asombro estaba encallecida por la constante convivencia con las comodidades y la seguridad que la tecnología nos brindaba; yo por mi parte solo deseche mi infantil escepticismo cuando comprobé con mis propios ojos aquel horror.

De hecho, cuando la verdad fue revelada, y aquello solo ocurrió cuando ya no había forma de ocultarla, me di cuenta que alguna vez paso por mi mente una remota idea del por que, de todo, posibilidad que vivía oculta en un obscuro rincón de mis peores pesadillas, y pese a que muchos años viví temiendo eso como un infante, jamás hubiera esperado que de un momento a otro aquello saltaría del terreno de los sueños a la realidad para causar la ruina de la civilización como la conocíamos.



Los primeros casos se limitaban a rumores sobre desapariciones espontáneas y sin explicación, casos comunes de vagabundos y drogadictos que frecuentaban alguna cierta área, y que de la noche a la mañana nunca volvían a ser vistos, esto ocurría mas frecuentemente en lugares poco frecuentados, que lo mismo que las víctimas, gente solitaria y falta de atención, eran el lugar perfecto para un crimen sin resolver. Un detalle curioso era que los casos se reportaban a nivel mundial, y que la identidad de las víctimas no las conectaba con mafias o venganzas personales para causar una desaparición; esto le daba un halo de credibilidad relativa al extraño fenómeno, que no tardó en generar gran expectación y algo mas que curiosidad entre las autoridades.

Sobre todo aterraba el hecho de que se trataba de gente sin culpa alguna, salvo la de no haber encajado en la bulliciosa vida de las ciudades, gente común y corriente a veces, o desempleados y desahuciados sociales que desaparecían repentinamente y sin rastro o motivo; aunque por otro lado, la mayor densidad de los fenómenos se asentaba cerca de lugares solitarios y aislados del bullicio de las grandes urbes: ruinas, terrenos baldíos, cloacas, ductos del desagüe y drenaje, edificios viejos o abandonados, casas derruidas o albergues temporales en desuso, incluso cuevas. Los casos que escapaban a esta condición escapaban eran sobre todo trabajadores de limpia o indigentes que vivían bajo los puentes, o en lugares insalubres y arrabales miserables.

Muy pronto la ola de desapariciones terminó, aunque semanas mas tarde se desató otra, esta vez entre los vagos y ebrios, bandas de ladrones y drogadictos que pululaban a altas horas de la noche en las ciudades, llegando a desaparecer pandillas completas en cuestión de días, a veces de horas. Por cierto, que el crimen y la vagancia se redujeron en gran medida, y aunque al principio simuló un beneficio y una ventaja, aquello solo profetizaba un desastre mayor. Lo que ocurrió no fue ninguna ola nueva, mas bien, al mismo tiempo que la anterior, habían comenzado a desaparecer los pandilleros, solo que no pudo ser monitoreado por no tratarse del asunto en cuestión en el primer momento de detectado el fenómeno.

Todo pareció volver a la normalidad luego de que los pandilleros desaparecieron, mas después de unas semanas, comenzaron a reportarse desapariciones entre los trabajadores de limpia de las municipalidades, los empleados de recolección de basura, siendo los primeros los niños y algunas amas de casa, que buscando entre las toneladas de basura algo que vender o reciclar por un trueque miserable, habían desaparecido sin dejar rastro como los anteriores; los arrabales y los centros de refugiados sufrieron la misma suerte que los pepenadores.

A las dos semanas de comenzadas las desapariciones, el número de víctimas, pues eso eran, alcanzó cifras preocupantes, pronto llegó a miles en cada país, y no se detuvieron, al contrario, en pocas semanas los reportes se dispararon a diez miles, entonces las autoridades se vieron obligadas a hablar al respecto. Al principio lo negaron todo, o hablaron poco, y luego inventaron un cuento acerca de una secta de tendencia new age y satanista internacional y con millones de efectivos en todo el globo, que estaban llevando a cabo secuestros en masa y posiblemente sacrificios rituales con los desaparecidos. La ola paró durante una semana, misma que aprovecharon las autoridades para llevar a cabo falsos operativos y pesquisas transmitidos por los falaces medios de desinformación masiva, consignaron a los supuestos responsables, que eran grabados saliendo de transportes policíacos y militares por cientos, y conducidos sin juicio ni réplica a las prisiones. El plan funcionó muy bien, pues la gente se tranquilizó y volvió a sus actividades, salvo algunos que olieron el desastre y tomaron cartas en el asunto.



Lo que ocurría en realidad, era que nadie, ni aun los servicios de inteligencia mas organizados habían tomado en cuenta que los solitarios y rechazados sociales se habían terminado con el primer ataque, pues eso era, después, cuando el enemigo se juzgo mas seguro, procedió a atacar objetivos mas grandes; el siguiente golpe caería sobre objetivos mas grandes y en mayor escala, esta vez directamente contra comunidades rurales, y hasta en concentraciones urbanas no tan grandes, ya no solo contra blancos aislados e indefensos. Y es que nadie podía sospechar la verdad, nadie, puesto que la fuerza a que nos enfrentábamos no era humana en ningún sentido.

No podía tratarse de terrorismo, pues todos o casi todos los países se habían visto golpeados, incluso los tradicionalmente terroristas, aunque tampoco era tan inverosímil la versión inicial, que una organización criminal de extrañas y obscuras intenciones y con grandes recursos estuviera llevando a cabo este tipo de atentados, sobre todo por que se acercaba el cambio de milenio en algunos calendarios, además de que ningún continente estaba a salvo de esto como para sospechar de él; tan solo países mude clima muy riguroso, como los desérticos y polares las estadísticas eran mas bajas que en los otros, también curiosamente en países donde las medidas de salubridad eran buenas, el número de víctimas se reducía a solo centenares.

Dos semanas mas tarde de la farsa de los operativos, un niño desapareció de una primaria después del mediodía, y cuando uno de los intendentes emprendió su búsqueda a través del antiguo y enorme edificio tampoco volvió. Este y otros casos mas recorrieron el globo como el fuego en pólvora regada, entonces estalló la bomba. Cuando ocurrieron mas casos como este, las ciudades se desquiciaron, los periódicos amarillistas y los tabloides vomitaron a manos llenas toda clase de versiones: extraterrestres, terroristas, monstruos, fantasmas, demonios, zombies, la cercanía del Apocalipsis, en fin, lo que es común en ellos; y por otra parte, las masas se encerraron con sus hijos en casa, las escuelas cerraron hasta no saberse a ciencia cierta lo que ocurría. Se otorgaron pensiones a algunas familias de los desaparecidos, al tiempo que se investigaba a todo el personal de las instituciones educativas. Pese a todo, aquello no paró, y la mancha de lo desconocido se extendió como un ciclópeo pulpo con miles de tentáculos a los demás niveles educativos, y no paró hasta topar con las universidades, donde incluso las de mejor renombre no escapaban al “cazador”, como se llamó entre el vulgo al fenómeno, aunque también un filósofo de gran edad y sapiencia apoyó el término, pero desapareció poco después en el estacionamiento del auditorio donde antes fuera maestre. Mientras, una audaz reportera fue declarada desaparecida también luego de atreverse a investigar cierto caso en las alcantarillas de Nueva York.

No todos estaban tan alejados de la verdad en sus afirmaciones, incluso algunos acertaron en su juicio, pero sus tesis eran tan alejadas de la realidad a los ojos de los obtusos intelectuales y el orgulloso gobierno que no fueron escuchados ni tomados en cuenta cuando aun había tiempo. Poco a poco, fue saliendo a la luz en los archivos policiales que casos similares habían ocurrido desde diez años atrás, y revelaron que de hecho aquello había iniciado hacía mucho mas, pero de manera tan silenciosa que solo un genio lo habría sospechado, incluso, muchos de los crímenes sin resolver presentaban las mismas características que los primeros casos reportados, y pese a todos los esfuerzos, el problema no hizo sino anudarse mas y se volvió aun mas extravagante y excéntrico, desde entonces fue llamado “fenómeno Tichler”, en honor a un matemático que había propuesto un teorema similar hacia unas décadas.

Los clásicos y absurdos disertadores históricos hablaron toda una noche acerca del fenómeno en un auditorio privado, al cual tacharon de histeria colectiva y suicidios masivos disfrazados de desapariciones, que contagiaban a todas las clases sociales e intelectuales, debidos sin duda al nihilismo creciente por el cambio de siglo y los avances científicos, que repercutirían en un retorno a la religión y una explosión de falsos mesías y alusiones al fin del mundo, pero que las mentes intelectuales y sabias discernirían entre lo falso y lo verdadero, y que aquello pararía al entrar el nuevo siglo. Sin embargo, y para su horror, esa misma noche tres de los conferencistas desaparecieron también.

A un año del inicio del fenómeno, todas las banderas de la ONU y de todos los países ondearon a media hasta, y casi al mismo tiempo comenzaron a circular tabloides y periodicuchos informando de las investigaciones, metiendo de su clásica cosecha y agregando mas incertidumbre y obscuridad al asunto, pasmoso ya de por si. Por su parte, se ordenó un toque de queda después de las 9 PM en algunos países, y se recomendó a la población no salir de sus casas mas de lo necesario.

Mientras, las investigaciones continuaron, lográndose rastrear el sitio de origen de las desapariciones, aldea al sur de China, justamente cerca de un centro industrial gigantesco, donde las maquiladoras eran el deprimente paisaje principal. Desde ahí, la “epidemia” se había extendido por Asia, pasando a Europa, el Medio Oriente y llegando a África, y tras varios meses de inactividad aparente, el fenómeno Tichler estalló en América y Oceanía. Aunque en la parte mas baja de la Argentina, en Alaska, Dinamarca, Suecia, Finlandia, el norte de Alemania, Siberia y Crimea, además de los polos, no presentaban tantos casos, lo mismo que las Carolinas y otras islas poco urbanizadas.

Algunas estaban estadísticamente exentas.

Como humanos, intentamos pensamos a la humana, concluyendo que todo parecía estar siendo planeado por una inteligencia superior, digna de la SS, pero el misterio continuaba inconcluso y las desapariciones habían alcanzado los estrellatos, siendo víctimas en menos de un mes por lo menos cincuenta actores en la flor de la edad, junto a otros muchos ya retirados mas, y también prominentes miembros de la comunidad artística y científica. Hasta aquí, fue la primera etapa del fenómeno.

La siguiente fase se caracterizo por ataques a plena luz del día, pues los anteriores se habían limitado a ocurrir en la noche, y solo sobre una víctima; pero un día, una carnicería argentina fue atacada, justo en el equinoccio de primavera. Pese a que los empleados intentaron defenderse, murieron con los cuchillos en las manos, no entregando su vida sino hasta haber dado cuenta de varios de sus asesinos. Yo logré ver la noticia justo a tiempo, pues fue vetada tan rápido se midió su efecto en la audiencia, y puedo decir que lo mas intrigante era que en el lugar había una gran cantidad de cadáveres de unos animales pequeños, que parecían haber sido devorados hasta los huesos y estos mismos destruidos. Aunque aun quedaba una interrogante, ¿dónde estaban todos los cuerpos?

Una semana mas tarde, me enteré en fuentes extraoficiales que había habido un inesperado ataque en una estación del metro en Inglaterra, y que se esperaban los mismos presagios para todos los sistemas de este tipo en el mundo, y en efecto pues ese mismo día me tocó ir a revisar el que ocurrió en la ciudad donde vivía. Por cierto que desde entonces le tomé cierta aversión a pasar por donde hubiera basura o suciedad, pues mi instinto de conservación me advertía que no lo hiciera, además de que se escuchaban, según unos testigos, y como mas tarde yo pude comprobar, extrañas voces y cuchicheos escurriéndose por esos sitios.

Las autoridades llegaron a un punto en el que se decretó otro toque de queda, esta vez después de las horas de luz, y se recomendó a la población no salir de casa a menos que la necesidad mas inmediata así lo requiriera, incluso se insinuó la posible autorización de portar armas blancas por algunos particulares, al mismo tiempo que se ofreció y prometió todo el apoyo de la policía y la armada a las empresas burocráticas, para no embrutecer los sistemas de gobierno ni económicos, ni detener las operaciones diarias. Estas medidas controlaron un poco las desapariciones en las ciudades, pero en el campo nada pudo evitar la triste y silenciosa muerte de la población.

Puedo decir que las autoridades cumplieron bien su deber de investigación, pues una exhaustiva pesquisa arrojó nuevos datos a las muchas dudas y sospechas de los confundidos servicios de inteligencia. Se revisaron los datos completos de las víctimas, sexo, edad, raza, religión, condiciones económicas, todo. No había ningún grupo mas afectado que otro, tan solo el campo había sido el mas golpeado, por estar mas lejos de las concentraciones urbanas y la civilización, y por ende, mas vulnerable a los ataques.

Otra cosa que habíamos ignorado es que en algunas regiones, previo a los ataques, el ganado amanecía muerto y consumido, como si algo lo hubiera devorado durante la noche en el mas completo silencio, pocos creerían que ahí había habido rebaños enteros o piaras. De hecho, varios campesinos habían reportado este tipo de incidentes, pero en la mayoría de los casos fueron ignorados, y solo a pocos se les dio una miserable indemnización. Este tipo de casos pasaban inadvertido, y como tantos, fueron archivados en almacenes antes de prestarles la debida atención. También parecía ser que si bien las desapariciones nunca habían cesado, tendían a disminuir con la llegada del invierno y a incrementarse en épocas de calor.

Muy por otro lado, las islas mas alejadas de los continentes continuaban sanas de este mal, lo mismo que regiones de clima muy drástico, lo que indujo a algunos analistas a pensar que se trataba de una organización neonazi que estaba actuando desde las islas y Escandinavia. Se repitieron los operativos y los interrogatorios inquisitoriales, pero como antes, ninguno arrojó luz sobre el misterio, que se había declarado mundial luego de dos años continuos de desapariciones, al no poderse negar o disfrazar la falta de millones de personas en pocos años. Como era de esperarse, varios gobiernos se coaligaron para buscar exhaustivamente al responsable de este terror mundial. Lo verdaderamente alarmante era la situación de los cuerpos, pues no se los hallaba en ninguna parte, aunque esa condición estaba a punto de cambiar de la manera mas mórbida que recuerde.

II

En algunas urbes, se organizaron patrullas de vigilancia nocturna, mientras la población dormía intranquila; en muchas hubo masacres horrenda de militares y policías por las calles. Poco o nada se supo entre el vulgo de aquello. Semanas después, una gigantesca explosión sacudió a la enorme ciudad de México en medio de la despreocupada actividad matutina. Lo que hallaron después, junto a la dantesca lluvia y granizada que bañó las calles, terminó por horrorizar a la población mundial. Cuando finalmente la zona se volvió explorable, un equipo poderosamente armado descendió al lugar de origen. No se trataba de una fuga de gas, ni de un ducto de gasolina roto o una instalación similar, ni de un escape desde el centro de la tierra, y para alarma de todos, de nuevo se observaron millares de cuerpos de aquellos animales quemados, y miles de restos humanos en diversos estados de putrefacción, los cuales sin duda habían generado tal cantidad de gases inflamables que causaron un estallido como aquel. Recuerdo que al examinar los restos hallamos muescas como de dientes en todos ellos. Aquí hace falta una pequeña aclaración personal, yo trabajaba en la oficina forense de la PGR en México. Explosiones como estas se repitieron en otros grandes centros urbanos.

Al tiempo surgieron predicadores y gritones callejeros, haciendo agosto al vender Biblias, y regalando panfletos de ”arrepiéntanse el juicio esta cerca” al por mayor. Por mi parte, recuerdo que una leyenda china hablaba de un fenómeno similar había ocurrido hacía bastante tiempo en una aldea mongola, y que solo se había detenido cuando los pobladores abandonaron la pequeña urbe, pero ¿podíamos abandonar el mundo? El nombre antiguo de la aldea era el mismo que el que los norteamericanos habían confirmado como el del origen de la plaga, pero para hacer algo ya era tarde; por cierto, la leyenda tenia una profecía que hablaba del retorno de aquella plaga.

Luego de una retroalimentación mutua entre las potencias, se concluyó que se trataba de una fuerza externa que estaba tratando de acabar con la especie humana, pero repito que nadie creyó esa mentira ni las otras, ni la verdad misma aun cuando fue revelada por la prensa clandestina, hasta que se decidieron a atacar sin reservas y en masa, aun menos lo hicieron los predicadores, quienes desecharon sus dudas solo hasta que fueron a confirmarlo poco mas tarde a sus babosos televisores o hasta que llegó hasta ellos; para muchos fue o último que supieron, el gran misterio detrás del “fenómeno Tichler”. En todo el mundo fue lo mismo, solo sobrevivimos los pocos que tuvimos la visión o la suerte de huir a los polos antes de que el horror culminara. Muchos gobiernos se convencieron solo al ver sus calles inundadas de seres hambrientos, pero de poco les sirvió, pues casi nadie logró salvarse cuando se presentaron sin máscaras.

Cuando se confirmó que los polos y las islas eran zonas seguras, un éxodo masivo de los que aun quedaban vivos se vio en las noticias alrededor del globo, y los únicos gobiernos que no habían sido desquiciados por las desapariciones de sus gabinetes y ministros, los países norteños, terminaron llenos de solicitudes de naturalización para las que nunca se dieron abasto, y se vieron obligados a regresar y rechazar por todos los medios posibles a los millones de hombres y mujeres que huían desesperados, pues los mas pequeños y los disminuidos habían caído casi todos a esas alturas. Este proceso no tomo por supuesto días, pero si meses en los que las pequeñas urbes comenzaron a ser destruidas. Después siguieron con las metrópolis; cuando esto tuvo lugar, se autorizo y transmitir por televisión lo que en realidad ocurría.

Mientras tanto, una guerra estuvo a punto de estallar, debido a las acusaciones mutuas de ineptitud de los gobiernos sumidos en la desesperación, pero no vio la luz por que los efectivos militares estaban muy disminuidos a causa de Tichler.

Para cuando la furia se desató sobre las ciudades de México, yo ya estaba fuera, pero me enteré de lo que ocurrió por que hace poco me hallé con uno que logró huir, al que despedí en su lecho de muerte hace poco. Entre la policía y el ejército, organizados por varios servicios de inteligencia, había orquestado una trampa en la capital de aquel país para observar de cerca a los misteriosos atacantes y capturar algunos, para luego unirse a conciencia a investigarles y ver si era posible derrotarlos, pero tal cosa terminó en la ruina de la operación y la destrucción de gran parte del equipo, y aun mas, trajo la primera catástrofe que una ciudad humana viera desde Hiroshima o Pompeya. Durante la noche, un murmullo en un lenguaje extraño, similar a chillidos, que simulaban lejanamente un discurso de exhortación, turbó el sueño de la ciudad, y por la mañana, los pocos que sobrevivieron para darse cuenta de la verdad debieron huir o perecer aplastados por la turba que intentaba escapar, o bajo el ataque de los seres.

La noticia esta vez no pudo ser ocultada, pero como he reiterado, en este horror la palabra que se repite es incredulidad. Si, nadie creyó aquello, eso era demasiado grande para ser verdad, nunca se habían atrevida a atacar una ciudad tan grande. Muchos se suicidaron o se perdieron el juicio al enterarse; si, era imposible que una megalópolis como México hubiera desaparecido así, pero al final, la incredulidad murió, pues todos presenciamos las escenas de la televisión. Los reporteros observaban temblorosos las calles en ruinas y vacías, y a los asesinos corriendo y alimentándose libremente por las avenidas. Las escenas de las prisiones, las televisoras y el palacio de gobierno eran tan grotescas que fueron recortadas para transmitirlas en pantalla; no menos dantescas fueron las del metro, lo mismo las de los albergues y campos de refugiados, los hospitales, centrales de transporte, el aeropuerto, en fin donde quiera había concentraciones humanas. No he muerto nunca, es decir, jamás he estado muerto clínicamente y he revivido gracias a choques eléctricos o masaje cardiovascular, pero si he visto morir a muchos, y las he visto matar, por lo que puedo juzgar que la peor muerte la tuvieron los enfermos abandonados en los hospitales y los sanatorios mentales, y los presos, pues fueron sorprendidos en la noche mientras dormían o a plena luz del día, tan solo para ver los miles de ojos de sus malignos asesinos sin poder hacer nada dentro de sus celdas.

Por la tarde, el menguado ejército intento armar un cerco, pero cuando los cuerpos de los civiles se terminaron, se arrojaron sobre ellos. El combate que se vio entonces se repitió varias veces a partir de ahí en las demás capitales y las grandes ciudades del mundo, Calcuta, Bangkok, Shanghái, Brasilia, en fin. Urbes como Tokio o Manhattan perecieron en cuestión de horas. Algo muy curioso es que los zoológicos quedaron intactos, es decir, pese a que la principal preocupación de los seres era la alimentación de sus legiones, no atacaron a los animales de los zoológicos, aunque estos también perecieron de hambre al dejar de ser abastecidos, no sin que algunos escaparan y atacaran a los pocos que aun resistían en las casas y en los lugares altos, pues también buscaban comida; recuerdo que transmitieron como un león logró entrar a un edificio de apartamentos y..., ya no contaré mas de ello.

No puedo decir que desprecie a la especie humana, pues sería despreciarme en mi condición de hombre, pero acepto que nos lo merecíamos, tal vez ya era hora de que muriéramos, éramos tantos, seis mil millones, y hoy solo quedamos miserablemente unos pocos cientos de miles, y parece que va a empeorar. No puedo decir que me regocijé de ver morir a mi propia especie bajo el embate de aquellos seres, sin embargo, esa misma especie ha sido la mas destructiva que se conozca. No hay bacteria, animal o vegetal que se comporte así. Lo que es seguro es que sentí con gusto fue ver las escenas del ataque a una gigantesca empresa global que amenazaba con matar a todos de hambre con sus políticas antes que los seres actuaran siquiera. Si esto es una lección que la humanidad deba aprender, espero no la olvidemos, pues tal vez por ventura algún invierno prolongado acabe con ellas y nos devuelva el mundo, por otro lado, quizá ya estoy loco.

Lo que mas me aterra, aun mas que el hecho de que puedan un día subir aquí y acabar con los pocos que quedamos, son mis recuerdos. Recuerdo aquella central de transportes, como salieron de todos lados, las alarmas sonando, todos aplastando a todos, nadie ayuda a nadie, solo se ve a si mismo, y mientras todos huían, recuerdo a los seres comiendo con sus caras sardónicas, como devoraban a los caídos, vivos o no, y como se abalanzaban sobre los que aun corrían tan solo acababan se consumir al anterior.

También recuerdo la última noticia que vi. Fue el éxodo hacia los polos, cuando yo ya me encontraba refugiado en una aldea finlandesa. En ella, además de la penosa fila cargada de enseres, vi el ataque sobre una ciudad. Trato de no traerla a la memoria, pues aunque ya es borrosa por los años, como la recuerdo es horrible. La gente corriendo en la calle, huyendo en masa desbocada hacia el retén militar, donde los soldados los repelían a culatazos, solo para ser avasallados por la furia de la masa, los millones y millones de seres peludos corriendo tras ellos, formando corro y casi fila para poder alimentarse, las masas de asustados exiliados corriendo por las avenidas solo para ser cercados, las hordas de seres que los perseguían, hasta parecía que conducían con toda intención hacían huir grandes contingentes hasta lugares donde no había salida, pobres victimas, atrapadas los laberintos que ellos mismos construyeron y que ahora les servían de tumba; los grupos que perecían en medio de los miles de seres que ahogaban sus gritos, gente pisándolos con tal de pasar solo para caer después y seguirlos al averno, aun me estremezco al recordar esas macabras escenas... ya basta, creo que he sido suficientemente descriptivo, pero tengo un motivo, mas tarde lo verán.

Cuando se convencieron de que aquello era causado por los seres, los pocos gobiernos aun en pie se dedicaron a pescar algunos en intentonas como las de México, tras conseguir algunos ejemplares y estudiarlos los resultados desembocaron en algo aterrador. La masa cerebral de aquellos animales se habían incrementado considerablemente, lo mismo que el tamaño y mostraban una respuesta inmunológica mas vigorosa de lo normal a los venenos y microorganismos, lo mismo se había magnificado su capacidad de regenerar tejidos y su potencial de retardar el envejecimiento, y aterraba su increíble potencial reproductivo, que causó otra masacre en un laboratorio donde la reproducción experimental salió de control.

Por otro lado, las pruebas de sicología y comportamiento animal demostraron un incremento en la inteligencia de los seres, ya que no tardaban mas de cinco minutos en salir de complejos laberintos experimentales, que para otros seres de la misma especie o diferente, y aun para humanos en la misma escala habrían resultado imposibles. Incluso se especulo sobre el posible desarrollo de un cierto lenguaje con movimientos.

Hoy en día, mirando atrás, no se por que nos sorprende nuestro fracaso. Nadie lo vio venir, nadie lo imagino siquiera, todos comíamos y bebíamos despreocupados, producíamos y comerciábamos, confiados en nuestra superioridad como especie, sospechar que aquella amenaza se gestaban bajo nuestros suelos, siempre les miramos con desdén y desprecio, mientras ellas se incubaron, hasta llegar a superarnos a razón de diez a uno; entre varias de ellos podían derribar y matar con facilidad a un hombre robusto y grande.

En tanto aun hubo gobierno tuvimos esperanza de ganar esta guerra, pero la ineptitud y el absurdo papeleo jurídico nos quitaron tiempo vital, que causó la ruina de los reinos humanos. Los fríos y tendenciosos gobiernos no hicieron mucho hasta no tener la soga al cuello. Primero no lo creyeron, luego lo ocultaron, trataron de negarlo, mintieron, hasta que, forzados a aceptar la realidad, cuando ya era demasiado tarde, lanzaron la Bomba, pero no les hizo nada, y como era de esperarse, vimos con horror como salían de los escombros y continuaban avanzando y reproduciéndose ante nuestros infructuosos intentos por acabarles. La misma suerte tuvieron los venenos, y peor aun, sus residuos aun merman nuestra agua y nuestros víveres antes que hacerles efecto, antes acabaron con muchos de nosotros que hacerles daño. Solo las balas y las armas de filo han resultado hasta el momento.

Poco antes de se colapsaran los cables y las antenas de recepción satelital, nos enteramos por radio que hubo un tremendo combate en su contra cerca de Nueva Delhi, donde pelearon guerreros de las mas diversas nacionalidades, aunque como era de esperarse, tras una heroica defensa, todos los combatientes perecieron. Creo que me hubiera gustado morir ahí como un héroe que estar aquí con esta maldita incertidumbre.

Se decía en aquel mundo que D- s perdona siempre y resulta cierto pues al menos a algunos les dejó morir en paz, que el hombre a veces, y es cierto, pues nosotros les dejamos vivir por mucho tiempo junto a nosotros, y que mater natura nunca, y eso resulta horriblemente mas cierto que lo anterior, pues a nosotros no nos perdonó.

El terror aun no acaba, pese a que nos hemos replegado hacia los polos y las islas, aunque debimos salir de Finlandia por falta de abastecimiento. Poca de la tecnología ha sobrevivido, ha habido brotes de plagas antes fácilmente controlables, pasamos hambres, ataques de animales salvajes, aunque no hemos vuelto a un estado semicavernario, pero comemos lo poco que hay, quedan pocas armas. Al menos he perdido la noción del tiempo, solo se que ya hace mucho que inició todo, mis canas no me mienten, y vivo con la única certeza de que amanece y anochece aquí en estos eternos hielos. Pero como humano, con mi orgullo humillado, aun no acepto la derrota, a veces quisiera matarlas a todas y alimentare de ellas, quisiera comerlas a todas y así vengarme de cómo colapsaron en unos anos nuestra civilización de miles más.

Si alguna vez la humanidad vuelve a poblar la tierra, o si algún otro pueblo o especie llega a habitar el planeta, espero que este testimonio le sea útil. No las dejen anidar en los basureros, mátenlas a la primera oportunidad que les den, no las dejen vivir en las casas, ni bajo las ciudades, y mátenlas con las manos, no esperen que los venenos o las trampas lo hagan, al contrario, solo las harán más fuertes. Sabed que es mejor exterminar a una especie peligrosa que ser reducido por ella, quizá eso nos pasó a nosotros, quizá éramos nosotros la especie nociva. Es mejor convivir con natura en paz y armonía, equilibrio pues.

Como lo lograron no lo sé, nunca lo sabremos, la única certeza que tengo, además de la de la muerte universal, y de la ley del día y la noche, es de que fueron ellas, si, ellas, ellas fueron las culpables, ellas trajeron la peste, ellas destruyeron México, Bangkok, Shanghái, Calcuta, Sídney, Hong-Kong, Malaysia, Filipinas, Kinshasa, Caracas, Washington, Böhn, Nueva Delhi, Beijing, Bagdad, Orlando, Londres, Mónaco, el Vaticano, ellas acabaron con ese poblado chino hace mil quinientos años, ellas cumplieron su profecía de retorno, y cayeron sobre nosotros peor que una plaga de langostas, ellas salieron de sus obscuros escondites a sembrar la muerte y la desolación, ellas nos devoraron, ellas acabaron con nosotros, ellas derrocaron a los poderosos, ellas nos han reducido a este miserable estado primitivo y cavernario, ellas devoraron a los niños, ellas, miles de ojos, millones mirando desde las sombras, ellas, ¡Malditas de los dioses! ¡Fueron ellas, fueron las ratas!

FIN

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