Jean Paul Sartre: La ontología como disciplina filosófica

Introducción

Antes de indagar en el pensamiento de Jean Paul Sartre (21 de junio de 1905-15 de abril de 1980) es importante para el lector saber desde qué ámbito está hablando el pensador. La filosofía se integra de diversas áreas del conocimiento; Estética, Política, Metafísica, Lógica, Ética, Epistemología, Axiología, Gnoseología, Ontología, entre otras. Dentro del cuerpo filosófico la Ontología estudia el ser y sus propiedades. Su objeto de estudio es el ser en general.



Si me pusiera a hurgar en los textos y autores que se han ocupado de problemas Ontológicos, sería obligatorio acudir al pensamiento de Heráclito de Efeso (540 a.C-480 a. C.), Parménides ( 530 a. C.) y dando un salto olímpico en el tiempo a Martin Heidegger (26 de septiembre de 1889-26 de mayo de 1976) y desde luego a Jean Paul Sartre.

En este tenor es inminente mencionar a uno de los mentores de Jean Paul Sartre, si bien Martín Heidegger negó categóricamente el vinculo con la filosofía existencialista, queda anclado a ella quizá por tradición.

Siguiendo esta línea de pensamiento es menester traer a colación una obra monumental publicada en 1927 por el filósofo alemán Martín Heidegger, Ser y tiempo. En ella se pregunta por la cuestión que marcaría su siglo. El reproche a la tradición filosófica descansa en haber omitido la pregunta que interroga por el sentido del ser, pero el filósofo alemán no se refiere a cualquier ser, sino al ser humano.

Método filosófico del autor

Para estudiar un problema filosófico es menester prestar atención en el procedimiento o método que se usará para emprender el análisis. Sabemos que existe un arsenal de métodos filosóficos como: mayéutico, cartesiano, fenomenológico, hermenéutico y dialéctico. Por ello es sustancial empezar el análisis con el método correcto.

El método filosófico que usa Jean Paul Sartre es el fenomenológico. La palabra se compone de dos vocablos; fenómeno que significa lo que se muestra o lo que aparece ante los ojos y logos que quiere decir estudio. El pionero de la fenomenología como método es Edmund Husserl (1859-1838). En términos simples es el estudio de la esencia y emociones para hallar los cimientos de la realidad.

En este tenor Sartre lo que hace es servirse del método fenomenológico para sostener que el hombre carece de esencia.

Ser para sí y el ser en sí

De lo anterior se desprende la inquietud de nuestro filósofo Jean Paul Sartre. La tarea del autor radica en filosofar respecto al sentido de la existencia humana. En 1943 el filósofo francés escribe la obra El ser y la nada. En ella hace una distinción entre dos categorías significativas; el ser-en-sí y el ser-para-sí.



El ser-en-sí alude al cúmulo de cosas u objetos que se hallan en el mundo circundante. Si pasamos revista a todo lo que nos rodea, observaremos que cada objeto tiene un fin. Una silla por ejemplo puede estar hecha de diversos materiales; madera, metal, plástico etc. Su funcionalidad depende de la persona que la use, básicamente sirve para sentarse en ella. La persona puede sentarse a descansar o a trabajar detrás de un escritorio como lo hago yo en estos momentos mientras escribo. Por tanto, una de las características de este tipo de entes es la falta o nula conciencia del objeto. Por consecuencia, el ser-en-sí carece de conciencia.

En este tenor, existe otro tipo de entes que Sartre denominó; ser para sí. A esta clasificación pertenece el ser humano, ya que se caracteriza por poseer una conciencia. Veamos cómo a partir de esta categoría Sartre derrama toda su filosofía existencialista.

Para seguir con la explicación en torno a la caracterización del ser humano, usaré una metáfora descrita en El existencialismo es un humanismo (1946). Sartre compara un cortapeles con un ser humano. Si una persona le encarga a un productor u obrero hacer un cortapales, el productor sabe perfectamente qué hará para fabricar el objeto, esto significa que antes de la existencia material del producto esperado, ya se tiene una idea o concepto previo. Es decir, hay una fórmula o método para generar el objeto esperado, a partir de tales o cuales materiales y diseño se obtiene el objeto mencionado. Es como si el objeto ya estuviera terminado antes de hacerlo porque hay una idea antepuesta de el.

En cambio, si pensamos a Dios como artesano, dispuesto a crear a un ser humano, no se tiene un concepto previo de él. Es decir, el ser humano es un ente inacabado. Es un proyecto que se construye en el mundo empírico.

Entonces, el ser-para-sí, carece de concepto. Significa que en la medida que vive construye su esencia. No obstante, esto tiene diversas aristas que me gustaría aclarar. Si bien he mencionado con antelación que la característica de este tipo de entes, es la conciencia, debo hacer algunas acotaciones.

Comenzaré con la definición del término, ubicada en el texto, Sartre: El hombre es radicalmente libre y el único responsable de su vida. Y dice lo siguiente; Conciencia (conscience): Se refiere al conocimiento de la propia existencia, y es presentado siempre como término genérico de ese reconocimiento. La reflexión sobre la existencia comporta análisis y búsqueda de un sentido: una ubicación en el mundo. La consciencia se dimensiona en en-sí y para-sí, únicamente como necesidad definitoria, ya que la consciencia siempre es una sola. (Gómez. 2015.p. 152).

En términos más simples el ser humano alberga las dos formas de ser en el mundo. Ya que no sólo es conciencia de ser para-sí sino también de ser en-sí. Cuando el hombre nace, su conciencia es virgen, es decir está vacía, sólo a partir de la experiencia el ser humano logra abonar contenido a la conciencia, y es así como paulatinamente la conciencia va moldeando una esencia. Por ello, para Sartre la categoría de la nada será supremamente importante.

Nada y libertad

La nada es relevante por dos razones. Nacemos y “somos” nada, por decirlo de algún modo, no obstante mediante la experiencia somos alguien, ya que vamos construyendo una personalidad; adquirimos gustos, hábitos y seguimos un ethos. En esa medida tenemos un referente de nosotros mismos. Es entonces cuando la consciencia adquiere su particularidad de ser en sí, pues su historia está determinada, es decir ya no puede cambiar, sólo respecto al pasado, por otro lado, la empresa que posee el ser humano se proyecta al futuro, el futuro de la conciencia proyectada será la conciencia de ser para sí pues como al inicio de una vida, el futuro es nada, vacío, no existe.

Sartre nos regala la idea de pensar al ser humano como un ser libre. La libertad se erige en la idea de la nada y la angustia. Esto significa que respecto al pasado nada podemos cambiar, pero ante el presente se despliega un abanico de posibilidades. El hombre está condenado a ser libre. Quizá quiera no elegir, pero en la omisión de elegir se desprende una elección.

Si pensamos en una persona que se queja todo el tiempo de las pocas oportunidades de crecimiento profesional o personal, Sartre le diría ---Usted ha elegido ese camino, tenga el valor de ocuparse de su vida y responsabilizarse de sus decisiones--.

En esta medida, el filósofo francés propone a la humanidad hacerse cargo de todas y cada una de las decisiones que toma diariamente. Quizá sea muy fácil o cómodo culpar a las personas de todo lo malo que ocurre en el mundo pero qué hay de nosotros mismos ¿hacemos algo para mejorar nuestra realidad? En este tenor, el filósofo parisino indica que el infierno no se halla fuera del mundo, sino todo lo contrario, se encuentra muy cerca de nosotros. El infierno, es el otro, asevera.

En términos sencillos, la vida será tan agradable o desagradable como lo queramos. Si vivimos una realidad hostil es gracias a nosotros, Dios no tiene nada que ver, el ser humano se ha encargado de construir un mundo injusto, violento e inseguro, así que ahora es él quien debe tomar la responsabilidad y trasformar su realidad.

Lo atractivo de la propuesta de Sartre consiste en vislumbrar las oportunidades que tiene cada persona de cambiar su vida si ésta no le satisface. Por muy cretina que haya sido la persona en su pasado, siempre tendrá la opción de cambiar. Es el efecto de la libertad.

Bibliografía consultada:

Gómez, Juan, Sartre: El hombre es radicalmente libre y el único responsable de su vida, Madríd, RBA, 2015.

Garduño, Juan Manuel, Filosofía, Ciudad de México, ESFINGE, 2013.

Sartre, Jean, El existencialismo es un humanismo. Tomado de internet el día 13 de Septiembre del 2020. Disponible en la página web: https://allmyreadingsquotes.files.wordpress.com/2017/01/sartre-existencialismoeshumanismo.pdf

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