Foucault: La verdad y las formas jurídicas.

LA VERDAD Y LAS FORMAS JURÍDICAS SEGUNDA CONFERENCIA

El filósofo francés Paul Ricoeur señaló que Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud son los maestros de la sospecha. Los llama así porque los tres cuestionan la idea de sujeto concebida durante la modernidad. Yo incorporaría en la lista al filósofo, sociólogo e historiador Michel Foucault porque discutió de manera incesante la idea de sujeto epistemológico, racional y social. No sólo de la modernidad sino de toda la historia. Dicho sea de paso, el motivo de sus especulaciones también descansan en el vínculo de la verdad y el poder a lo largo de la tradición. Michel Foucault es por antonomasia el filósofo crítico del poder.

LA VERDAD Y LAS FORMAS JURÍDICAS

La verdad y las formas jurídicas es un texto de Michel Foucault y consta de cinco conferencias que bien pueden leerse de manera individual sin afectar la concatenación argumentativa. El autor hace un análisis agudo de la relación de poder y saber.



En esta ocasión hablaré únicamente de la segunda conferencia porque el autor alude a una obra literaria muy comentada pero desde otras perspectivas. Me refiero a Edipo rey de Sófocles. Comúnmente se relacionaba con el psicoanálisis Freudiano. Sin embargo, el filósofo francés ofrece otro diagnostico del relato. Su objetivo es hacer un estudio histórico de las prácticas jurídicas, para ello recurre a dos obras literarias. La primera, la Ilíada pertenece al género épico y fue escrita por Homero aproximadamente en el siglo VIII a.C, posteriormente habla de Edipo rey obra que pertenece al género trágico, escrita alrededor del siglo V a.C. Pese a la brecha de los géneros literarios, Foucault encuentra vestigios de las primeras prácticas jurídicas en ambos relatos.

DESCRIPCIÓN DEL DISCURSO

La forma argumentativa que utiliza es abductiva: un argumento de este tipo puede juzgarse únicamente por la aceptabilidad o plausibilidad de su conclusión a partir de sus premisas antecedentes. Su conclusión tiene la forma de una hipótesis explicativa del fenómeno o caso del que pretende dar cuenta. La relación entre premisas y su conclusión es sólo probable. (Rodríguez. 2018. P.85) Esto significa que el argumento se construye a partir de hipótesis o pistas que ayudan a consolidar la tesis o conclusión pero con un margen de error.

Como mencioné anteriormente el autor de Las palabras y las cosas indaga en las relaciones de poder con el fin de hacer un estudio histórico de las prácticas jurídicas. En este sentido, para él la tragedia Sofocleana guarda en el fondo una relación de poder y saber. El complejo de Edipo yace en la psique a nivel colectivo y no individual. No se relaciona únicamente con la obsesión del hijo por la madre como sostenía Sigmund Freud sino con el ocultamiento de la verdad. El poder juega un papel cuasi invisible para controlarla a su antojo.

La primera aproximación para sostener esta tesis tiene que ver con las prácticas jurídicas en la Grecia arcaica. Como mencioné anteriormente, Foucault toma como ejemplo la Ilíada de Homero. El canto XXIII narra la celebración del torneo de carreras en memoria de Patroclo. Donde los participantes deben hacer un recorrido de ida y vuelta para obtener la presea. En el evento se nombra a Félix como observador o testigo aunque en la práctica carece de función porque cuando es necesaria su intervención no recurren a él sino a los dioses. Al final del torneo Menelao acusa a Antíloco de haber hecho trampa obstruyendo su camino para así ganar la carrera.

El enfrentamiento o litigio consiste en la acusación directa de Menelao a Antíloco. Menelao no consulta el testimonio de Félix sino apela a la injerencia de Zeus. Pide a Antíloco jurar ante Zeus no haber hecho trampa. Antíloco ante la presión acepta su falta. Es aquí cuando Foucault pregunta ¿qué hubiera pasado si Antíloco accede al reto que supone la intervención de Zeus como árbitro para decretar la verdad de lo ocurrido? Para el lector contemporáneo la respuesta es evidente. Zeus no podría descender del Olimpo y subsanar la querella. En consecuencia, dicha amenaza carecería de fundamento. Pero ocurre justo lo contrario porque para un griego de esa época la presencia de los dioses era un hecho, y mentir de esa manera hubiera sido como asegurar infortunios por ocurrir al desatar la furia de Zeus. Por ello ante la amenaza e intimidación el culpable confiesa su falla. El enfrentamiento o litigio para descubrir la verdad recibe el nombre de prueba de verdad.

Es importante poner atención en las palabras de Menelao, dice lo siguiente: ¡Pero seré yo mismo quien determine lo que es justo y estoy seguro de que ningún otro de los dánaos me lo podría reprochar, pues mi sentencia será recta! ¡Antíloco, criatura de Zeus, ven, pues, aquí como es costumbre y de pie ante tus caballos y carro toma en manos la flexible tralla con las que antes agujaste tus monturas, y poniendo la mano sobre ellas, jura por el Sacudidor que abraza la tierra que no estorbaste mi carro intencionalmente mediante una trampa! (Martínez. 2016. p. 660) En este sentido recordemos que Menelao en la mitología griega es el rey de Esparta. Un poderoso explícitamente afirma determinar qué es lo justo, esta actitud también la comparte Edipo.

Haré una reconstrucción del argumento para después describir otro ejemplo del filósofo francés con base en el mismo tema. 1. Menelao ante la anomalía no recurre al observador de la carrera, entonces el testigo es un accesorio inservible. 2. Abiertamente dice yo haré justicia y convoca a los dioses para resolver el conflicto. 3. Por otro lado, el desafío carecería de fundamento si Antíloco acepta el trato, pero por el contexto ello no ocurre. 4. Por lo tanto, al menos ésta práctica jurídica de la época arcaica se sustentan en la prueba de la verdad y se basa en un juramento. En consecuencia, la verdad queda confinada a los Dioses y dicho sea de paso, comparece a “favor” de la figura del poder, en este caso de Menelao, rey de Esparta.

Por otro lado, es importante destacar que en Edipo ocurren dos formas de prueba de verdad; la primera sucede de la misma manera que en la Ilíada, mientras que la segunda mediante la ley de las dos mitades, como la llama el autor. La verdad se presenta en pequeñas dosis y sólo cuando se complementan los hechos se devela totalmente. El término “develar” viene del latín develare y significa “retirar o quitar el velo”. Es justo lo que ocurre en la tragedia de Edipo. Pues como indica Michel Foucault. Jugando con las palabras griegas ουναµις δυναστεια, que intentamos hacer aparecer aquello que ha permanecido hasta ahora más escondido, oculto y profundamente investido en la historia de nuestra cultura: las relaciones de poder. (Foucault. 1996. p. 29)

Para hacer el análisis de Edipo rey, Foucault divide en dos los sucesos del mito a razón de la ley de las dos mitades como ya dije anteriormente. Lo primero que ocurre en el relato es la maldición que aqueja Tebas. Edipo azorado consulta al dios del Sol para encontrar respuestas. Apolo diagnostica que Tebas es víctima de un castigo porque alguien cometió un asesinato. Aquí la verdad se presenta incompleta. La pregunta es ¿a quién asesinaron? y ¿Quién fue el asesino? En este momento la ecuación no puede ser resuelta hasta despejar esas dos incógnitas.

Cuando Edipo conoce la razón de la peste asevera con frenesí castigar al culpable con el destierro, sin saber que es él el autor de tal delito. Se dedica a investigar la raíz del conflicto y acude con el adivino Tiresias. En griego antiguo significa tiranía Τειρεσίας fue un sabio que perdió la vista, se cuenta que un día contempló la desnudez de la diosa Atenea y lo castigó privándolo de la visión, no obstante gracias a la intervención de la madre de Tiresias, Atenea se arrepiente del severo castigo y le concede el don de entender el lenguaje de las aves, a su vez le entrega un bastón que guiaría su sendero.

Entonces, Edipo exige a Tiresias que le diga quién cometió la falta y tras la presión le dice; diste tu palabra y dijiste que sancionarías gravemente al asesino de Layo con el destierro, así que te ordeno que te destierres a ti mismo.

Foucault destaca la carga simbólica del relato. Es irónico que Apolo dios del sol haya dado pistas muy sutiles a Edipo, mientras que Tiresias un personaje ciego le muestra las cosas de manera más clara. No obstante Edipo parece no reconocerse como el asesino, aunque tampoco lo niega.

En este sentido, Foucault comenta lo siguiente: En consecuencia, podemos decir que, desde la segunda escena de Edipo está dicho y representado. Se posee ya la verdad puesto que Edipo es efectivamente designado por el conjunto constituido por las respuestas de Apolo y Tiresias de las mitades está completo: maldición, asesinato, quién fue muerto, está todo, pero colocado en una forma muy particular, como una profecía, predicción, una prescripción. (Foucault. 1996. p. 34)

Hasta este punto la verdad está incompleta porque falta el testimonio de Yocasta y de la servidumbre que permite ensamblar y dar sentido a las palabras de Apolo y Tiresias. Es importante destacar que a diferencia del caso anterior descrito en la Ilíada, donde la figura del testigo carece de función, pese a la presencia de Félix cuyo papel era observar la carrera, no recurren a él para aclarar la informidad de Menelao. En Edipo Rey la presencia del testigo es un factor determinante para develar la verdad.

LA VERDAD QUE EDIPO SE NEGÓ A VER

Los hechos que siempre estuvieron ahí son observados por Edipo. Después de haber consultado a los dioses Apolo y Tiresias le dicen que la razón de la peste en Tebas se debe a la muerte de un hombre, ese hombre es Layo, esposo de Yocasta.

Para terminar de descifrar el conflicto falta que ocurran dos cosas; la primera que el hombre de los pies hinchados hable con su esposa Yocasta para corroborar la forma en que murió Layo, y la segunda recabar el testimonio de los pastores que fueron testigos de cómo Yocasta abandonó un bebé en el bosque y otro pastor lo llevó a casa de Pólibo para que lo adoptara. Esta es la segunda parte de la pieza que faltaba, los testimonios que corroboran lo dicho por los dioses.

El hombre de los pies hinchados habla con su esposa y le pregunta cómo murió Layo, ella le dice que murió en manos de un hombre en una encrucijada y Edipo exclama −¡eso fue justo lo que yo hice, matar a un hombre en una encrucijada de tres caminos!−.Hasta este momento se sabe que Edipo mató a Layo pero para que la profecía sea perceptible falta demostrar que Edipo no es hijo de Pólibo sino de Layo. En este tenor, el testimonio de los pastores es relevante porque hablan de la suerte que corrió el niño que Yocasta abandonó en el bosque.

Así mismo Edipo se entera de la muerte de Pólibo quien fuera su padre adoptivo y lejos de acongojarse por la pérdida, se alegra porque piensa que la profecía de matar a su padre y casarse con su madre no se cumplió pero un pastor le dice, Pólibo no era tu verdadero padre.

Posteriormente contactan a los pastores que fueron testigos del acto cometido por Yocasta; uno quien vio cómo abandonó a la criatura y el otro que llevó al bebé a casa de Pólibo. Ellos testifican que el bebé abandonado era Edipo.

Conclusiones

La Verdad en la tragedia clásica se devela gracias a los hechos confirmados por los testigos. No sólo los dioses corroboran lo ocurrido, pues la otra mitad de la verdad queda reservada a los pastores y a Yocasta. Hay tres figuras; los dioses, la nobleza y los pastores. Y todo se presenta con base en la ley de las dos mitades; dos dioses (Tiresias y Apolo), dos nobles (Edipo y Yocasta ) y dos pastores (el pastor de Corinto y Tebas). Cada personaje tiene una parte de la verdad y una vez que se unen es posible conocerla en plenitud. De acuerdo con Foucault, ésta técnica de dividir la verdad en dos mitades era común en los griegos.

Una vez resuelto el conflicto Foucault centra su atención en Edipo como figura de poder. Edipo muestra preocupación no por la peste que azora Tebas sino porque teme perder el poder, se muestra “empático” con el dolor de su pueblo pero en el fondo está preocupado por sí mismo.

Para Foucault el padecimiento de Edipo no es el amor por su madre, sino su afán por el poder, ya que en ningún momento se defiende apelando su inocencia. No le preocupa que Pólibo esté muerto, lo importante es el nulo parentesco con él, porque así queda descubierta la verdad a los ojos de todos y tendrá que cumplir la palabra de desterrar al culpable de la peste, o sea desterrarse a sí mismo.

El hombre de los pies hinchados, según Foucault fue un hombre de excesos, lo tuvo todo; fama, riqueza y sabiduría. Fue el hombre que descifró el acertijo de la esfinge y liberó a Tebas. Fue el rey ovacionado por el pueblo. He aquí un vínculo con la filosofía platónica. En la República de Platón, establece que los gobernantes deben ser personas sabias. En esta tesitura, pongo como ejemplo a los gobernantes contemporáneos que tienen acceso a la verdad pero se ciegan a ella con tal de conservar el poder. Edipo “olvidó” su pasado, lugar donde se hallaba la piza que desenmarañó el conflicto. Hay una relación entre saber-poder y poder-saber.

Me gustaría finalizar con la siguiente cita de Michel Foucault: Hay que acabar con este gran mito. Un mito que Nietzsche comenzó a demoler al mostrar en los textos que hemos citado que por detrás de todo saber o conocimiento lo que está en juego es una lucha de poder. El poder político no está ausente del saber, por el contrario, está tramado con éste.

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