Edgar Allan Poe un verdadero pionero de la escritura estadounidense

Edgar Allan Poe nació en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809, y murió el 7 de octubre de 1849 en Baltimore, Estados Unidos. Fue un escritor, crítico, periodista y poeta estadounidense. Es reconocido como uno de los padres del cuento moderno, así como el creador del género policial. Además, fue un gran escritor tanto de ciencia ficción como de obras de terror.

El padre de Edgar murió un año después de que naciera, y su madre, Elizabeth, moriría un año después, en 1811, debido a la tuberculosis. Dado que su hermano mayor ya estaba siendo cuidado por sus abuelos, Edgar y su hermana Rosalie fueron adoptados por dos familias vecinas en Richmond: el uno por los Allan y la otra por los Mackencie. John Allan, el padrastro de Edgar quien le daría su apellido, era un comerciante de origen escocés. Este era malhumorado, y se dice que, además de no apoyar el destino literario de Poe, nunca lo adoptó legalmente. Por el contrario, la esposa de este, Frances, puso toda su fe en Edgar Allan Poe y siempre lo llenó de cariño.

Luego de bautizar a Edgar en 1812, la familia Poe viajó a Escocia en 1815, donde Poe estudió en Irvine. Más tarde, los Poe se trasladaron a Londres en 1816, donde Poe estudió en uno de los internados de Chelsea, en el que aprendió a escribir en latín y hablar el francés. Sin embargo, la familia había viajado porque John Allan tenía negocios en el viejo continente. Como estos no tuvieron buen término, los Allan regresaron a Richmond en 1820. Aquí Edgar Allan Poe recibió educación en los mejores colegios.



Cuando tenía 16 años, Edgar se enamoró de una vecina suya, Sarah Elmira Royster. Sin embargo, tras inscribirse en la Universidad de Virginia, en Carlottesville, dejó de tener contacto con ella y empeoró la relación con su padrastro, John Allan, por las deudas que tenía debido a los juegos de azar. Se dice que Poe recurría al juego como modo de supervivencia, pues el dinero no le era suficiente. Se dice además que en esta Universidad tenía fama de ser arrogante y aparentar, en muchas ocasiones, saber más de lo que en realidad sabía.

A mediados de ese mismo año, Poe viajó a Norfolk y luego a Boston. Al descubrir tras varias semanas que no contaba con los recursos para vivir adecuadamente, se enlistó en el ejército, mintiendo sobre su nombre y su edad. Mientras era llevado junto con su regimiento a Charleston y era, a su vez, ascendido a artificiero, su primer libro, Tamerlán y otros poemas, circuló en muy pocas manos en Boston. Luego de dos años de servicio, los cuales debían ser cinco, y siendo Poe sargento mayor de artillería, buscó la ayuda de su padrastro para licenciarse y terminar más rápido su oficio militar. John Allan, afectado por la muerte de su esposa Frances, accedió a ayudarlo inscribiéndolo en la Academia West Point, aunque con el tiempo sostuvo varias discusiones con su hijastro. Debido a ellas, Poe cambió drásticamente su comportamiento y fue juzgado en una corte marcial por desobediencia y abandonar el servicio en 1831. Ese mismo año partió a Nueva York y publicó Poems con ayuda de sus antiguos compañeros de la Academia. Y más tarde se trasladó a la casa de su tía, donde su hermano Henry murió ese mismo año, en parte, por el alcoholismo.

Poe se centra en escribir cuentos y en iniciar una carrera periodística. En 1833, gana 50 dólares en un premio por su relato Manuscrito encontrado en una botella. Este, a su vez, es leído por John P. Kennedy, quien lo posiciona como redactor del Southern Literary Messenger. Aunque luego sería descubierto en estado de embriaguez varias veces durante su puesto y sería despedido. Sumado a esto, en 1834 moriría su padrastro, John Allan, sin haberle dejado nada de herencia. Pese a ello, Poe se casó en 1835 con su prima Virginia Eliza Clemm, que tenía trece años para entonces, y logró volver al Southern Literary Messenger jurando comportarse mejor. Cosa que hizo hasta 1837, cuando se retiró voluntariamente.

En 1838 publicó su única novela, La Narración de Arthur Gordon Pym, aunque con poco éxito. Al año siguiente se volvió redactor jefe en la revista Burton’s Gentleman’s Magazine y publicó Cuentos de lo grotesco y arabesco. En 1840 comenzó a trabajar para la Graham’s Magazine y publicó en ella algunos de sus cuentos más representativos, como Los crímenes de la calle Morgue y El escarabajo de oro. Esto mejoró de gran manera su estilo de vida, aunque a partir de 1842 su esposa Virginia comenzó a presentar síntomas de tuberculosis, y esto llevó a que Poe recurriera a la bebida con más frecuencia. Tras abandonar la Graham’s Magazine, e intentar varios puestos, logró hacerse propietario del Broadway Journal. En 1845, publicó su poema más famoso, El cuervo, por el que sería reconocido en todo el país, pero del que sólo habría recibido 9 dólares por su publicación. Luego sostuvo con la poeta Frances Sargent Osgood una relación que la misma Virginia consentía.

Esta levantó demasiada polémica entre el círculo social de ambos, por lo que tuvieron que dejar de verse con el tiempo. En 1847 murió Virginia de tuberculosis, y el comportamiento y el estado de ánimo de Poe se vieron claramente afectados, al punto de realizar varias acciones erráticas e inducirlo al alcoholismo. Finalmente, Poe volvió a Richmond, donde se encontró con su amor de la juventud, Sarah Elmira Royster. Ambos estuvieron de acuerdo en casarse el 17 de octubre de 1849. Pero un Edgar Allan Poe delirante fue encontrado en las calles de Baltimore el 3 de octubre de 1849, el cual sería trasladado al Washington College Hospital, donde moriría el 7 de octubre de ese mismo año.



A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa. "Edgar Allan Poe"

Poemas

Solo

Desde el tiempo de mi infancia no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude traer
mis pasiones de una simple primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pesar, no podría despertar
mi corazón al júbilo con el mismo tono;
Y todo lo que amé, lo amé Solo.
Entonces -en mi infancia- en el alba
de la vida más tempestuosa, se sacó
de cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
Del torrente, o la fuente,
Del risco rojo de la montaña,
Del sol que giraba a mi alrededor
en su otoño teñido de oro,
Del rayo en el cielo
cuando pasaba volando cerca de mí,
Del trueno y la tormenta,
Y la nube que tomó la forma
(Cuando el resto del Cielo era azul)
De un demonio ante mi vista.

A Elena

Te vi a punto. Era una noche de julio, Noche tibia y perfumada, Noche diáfana... De la luna plena límpida, Límpida como tu alma, Descendían Sobre el parque adormecido Gráciles velos de plata. Ni una ráfaga El infinito silencio Y la quietud perturbaban En el parque... Evaporaban las rosas Los perfumes de sus almas Para que los recogieras En aquella noche mágica; Para que tú los gozases Su último aliento exhalaban Como en una muerte dulce, Como en una muerte lánguida, Y era una selva encantada, Y era una noche divina Llena de místicos sueños Y claridades fantásticas. Toda de blanco vestida, Toda blanca, Sobre un ramo de violetas Reclinada Te veía Y a las rosas moribundas Y a ti, una luz tenue y diáfana Muy suavemente Alumbraba, Luz de perla diluida En un éter de suspiros Y de evaporadas lágrimas. ¿Qué hado extraño (¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?) Me condujo aquella noche Hasta el parque de las rosas Que exhalaban Los suspiros perfumados De sus almas? Ni una hoja Susurraba; No se oía Una pisada; Todo mudo, Todo en sueños, Menos tú y yo -¡Cuál me agito Al unir las dos palabras! - Menos tú y yo... De repente Todo cambia. ¡Oh, el parque de los misterios! ¡Oh, la región encantada! Todo, todo, Todo cambia. De la luna la luz límpida La luz de perla se apaga. El perfume de las rosas Muere en las dormidas auras. Los senderos se oscurecen. Expiran las violas castas. Menos tú y yo, todo huye, Todo muere, Todo pasa... Todo se apaga y extingue Menos tus hondas miradas. ¡Tus dos ojos donde arde tu alma! Y sólo veo entre sombras Aquellos ojos brillantes, ¡Oh mi amada! Todo, todo, Todo cambia. De la luna la luz límpida La luz de perla se apaga. El perfume de las rosas Muere en las dormidas auras. Los senderos se oscurecen. Expiran las violas castas. Menos tú y yo, todo huye, Todo muere, Todo pasa... Todo se apaga y extingue Menos tus hondas miradas. ¡Tus dos ojos donde arde tu alma! Y sólo veo entre sombras Aquellos ojos brillantes, ¡Oh mi amada! ¿Qué tristezas irreales, Qué tristezas extrahumanas! La luz tibia de esos ojos Leyendas de amor relata. ¡Qué misteriosos dolores, Qué sublimes esperanzas, Qué mudas renunciaciones Expresan aquellos ojos que en la sombra Fijan en mí su mirada! Noche oscura. Ya Diana Entre turbios nubarrones, Lentamente, Hundió la faz plateada, Y tú sola En medio de la avenida, Te deslizas Irreal, mística y blanca, Te deslizas y te alejas incorpórea Cual fantasma. Sólo flotan tus miradas. ¡Sólo tus ojos perennes, Tus ojos de honda mirada Fijos quedan en mi alma! A través de los espacios y los tiempos, Marcan, Marcan mi sendero Y no me dejan Cual me dejó la esperanza. Van siguiéndome, siguiéndome Como dos estrellas cándidas; Cual fijas estrellas dobles En los cielos apareadas En la noche solitaria. Ellos solos purifican Mi alma toda con sus rayos Y mi corazón abrasan, Y me prosterno ante ellos Con adoración extática, Y en el día No se ocultan Cual se ocultó mi esperanza. De todas partes me siguen Mirándome fijamente Con sus místicas miradas. Misteriosas, divinales Me persiguen sus miradas Como dos estrellas fijas, Como dos estrellas tristes, ¡Como dos estrellas blancas!

País de Hadas

Valles de sombra y aguas apagadas
y bosques como nubes,
que ocultan su contorno
en un fluir de lágrimas.
Allí crecen y menguan unas enormes lunas,
una vez y otra vez, a cada instante,
en canto que la noche se desliza,
y avanzan siempre, inquietas,
y apagan el temblor de los luceros
con el aliento de su rostro blanco.
Cuando el reloj lunar señala medianoche,
una luna más fina y transparente
desciende, poco a poco,
con el centro en la cumbre
de una sierra elevada,
y de su vasto disco
se deslizan los velos dulcemente
sobre aldeas y estancias,
por doquier; sobre extrañas
florestas, sobre el mar
y sobre los espíritus que vuelan
y las cosas dormidas:
y todo lo sepultan
en un gran laberinto luminoso.
¡Ah, entonces! ¡Qué profunda
es la pasión que ponen en su sueño!
Despiertan con el día,
y sus lienzos de luna
se ciernen ya en el cielo,

El cuervo

I

En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: Visita impertinente
es, dije y nada más

II

¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!

III

Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más

IV

Ya sintiendo más calma: Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta…
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.

V

Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
Leonora unas voces susurrantes
murmurar nada más.

VI

Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana:
¡el viento y nada más!

VII

Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.

VIII

Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica?
Dijo el cuervo: Jamás

IX

En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: Jamás.

X

Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza
dijo el cuervo: ¡Jamás!

XI

Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás!

XII

Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.

XIII

Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.

XIV

Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes;
dijo el cuervo: ¡Jamás!

XV

Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura :
dijo el cuervo: ¡Jamás!

XVI

Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora;
dijo el cuervo: ¡Jamás!

XVII

Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,
grité: ¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma!
dijo el cuervo: ¡Jamás!

XVIII

Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra…
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!

5 magníficos libros de Edgar Allan Poe

El Gato Negro
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El escarabajo de oro
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El corazón delator
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La máscara de la muerte roja
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Los crímenes de la calle Morgue
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Citas célebres de Edgar Allan Poe

"Los hombres me han llamado loco; pero la pregunta aún no está resuelta, si la locura es o no es la inteligencia más elevada".

"Cree solo la mitad de lo que ves y nada de lo que oyes.

"En lo profundo de esa oscuridad mirando detenidamente, siempre estuve allí, preguntándome, temiendo, dudando, soñando sueños que ningún mortal jamás se atrevió a soñar antes".

"Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura."

"Me quedé demasiado dentro de mi cabeza y terminé perdiendo la cabeza."

"El creyente es feliz. El que duda es sabio."

"Para mí, la poesía no ha sido un propósito, sino una pasión."

"Definiría, en resumen, la poesía de las palabras como la creación rítmica de la belleza."

"Años de amor han sido olvidados, en el odio de un minuto".

"Tengo la intención de soportar todo lo que puedo dejar."

"Temo los eventos del futuro, no en sí mismos, sino en sus resultados."

"Una mentira viaja alrededor del mundo mientras la verdad se pone las botas."

"Todo lo que vemos o sentimos es solo un sueño dentro de un sueño."

"En lo profundo de la tierra, mi amor miente. Y debo llorar solo."

"Y siendo joven y sumergido en la locura, me enamoré de la melancolía."

"Todo sufrimiento proviene del anhelo, del apego y del deseo."

"La poesía es la creación rítmica de la belleza en las palabras."

"Lo que confundes con la locura no es más que una sobreactivación de los sentidos."

"Amamos con un amor que era más que amor."

"Si un hombre me engaña una vez, me avergüenzo de él; si me engaña dos veces, siento lástima de mí."

"Los que cotillean contigo chismorrearán sobre ti."

"¡Morirse de risa debe ser la más gloriosa de todas las gloriosas muertes!"

"Si te quedas sin ideas, sigue tu camino; llegarás allí."

"Para elevar el alma, la poesía es necesaria."

"Me crees un loco. Los locos no saben nada. Pero deberías haberme visto. Deberías haber visto qué tan sabiamente procedí…"

"Era de noche, y la lluvia caía; y cayendo, era lluvia, pero, habiendo caído, era sangre."

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