El Mitico Castillo de Chapultepec

Sabemos que el hoy conocido "Castillo de Chapultepec” se construyó originalmente como residencia para los Virreyes y que ha tenido múltiples usos a través del tiempo. Con el tiempo, este lugar cayó en desuso y fue ocupado nuevamente hasta los primeros años de la década de 1930, fue cuando se decidió que sirviera como Colegio Militar, debido a esto se llevaron a cabo varias ampliaciones y remodelaciones en la estructura, incluyendo la construcción de la torre cilíndrica de vigilancia que hoy es uno de los espacios más representativos del lugar. En la época porfiriana comenzaron a arribar a México muchos elementos que se consideraban a la vanguardia tecnológica en esos años, como el primer telégrafo instalado en el Castillo de Chapultepec, otro elemento fue el elevador hidráulico, del cual se instalaron dos piezas en este lugar, el interno que servía para el desplazamiento de la familia y servidumbre de Porfirio Díaz.

Sobre una pequeña prominencia rocosa a las afueras de la ciudad de Trieste Italia (de aquí las grandes modificaciones al Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México), en este lugar se encuentra lo que fue el sueño del Emperador Maximiliano de Habsburgo y que compartiría con su esposa, la Emperatriz Carlota Amalia de Bélgica, este edificio fue construido a mediados del siglo XIX por el arquitecto vienés Carl Junker. Parte del complejo son los inmensos y hermosos jardines que rodean a Miramar, en ellos podemos encontrar una construcción secundaria llamada “Castelleto” que fue ocupada por la pareja real durante la construcción del complejo en Trieste.

Maximiliano siempre fue filántropo debido a su nacimiento en cuna de oro dentro del seno de la familia Habsburgo, actualmente en Miramar se pueden observar muchos de los muebles originales de aquella época, mesas de té de porcelana y una colección impresionante de cerámicas asiáticas y otros elementos de ornamento, en la segunda mitad del siglo XIX Maximiliano recibió la visita de una embajada de conservadores mexicanos que tenían una misión: ofrecerle el trono de la Monarquía Mexicana, después de un tiempo Maximiliano aceptó con beneplácito y apoyo de Napoleón III, sobrino del afamado conquistador y político francés Napoleón Bonaparte.



Una vez en México, Maximiliano [ahora] de México convirtió el antiguo Palacio Virreinal en el Palacio Imperial, él lo habitó entre los años de 1863 y 1867 junto con su esposa Carlota Amalia de México. En cuanto el emperador dio la orden, se levantaron todas las casas que habían invadido la parte alta del ahora Castillo de Chapultepec, se levantaron los niveles de los pisos para evitar inundaciones y algunos muros y cuartos fueron derruidos hasta los cimientos ya que se encontraban en un grado muy avanzado de deterioro. Uno de los cambios más significativos se dio en el Salón de Recepciones que hoy conocemos como el Salón del Dosel, se retiró parte del techo y se trabajó en la restauración de la fabulosa viguería de cedro que hasta hoy adorna este espacio. La decoración se vio enriquecida con grandes obras de artistas afamados de la época como Petronilo Monroy, en letras de Maximiliano estos cambios se hicieron debido a… buscar una vinculación con el heroico pueblo que presido”.

Otras modificaciones fue que se amplió el jardín botánico en recuerdo de los amplios espacios verdes en Miramar, se fundó el Teatro de la Corte y se amplió el espacio interior para la construcción de lo que hoy conocemos como “la escalera de la emperatriz Carlota” destinada a hacer más accesible el edificio para la nobleza y miembros de la Corte Real, después de fundar el primer museo en México, algunos hospicios, Academias y Bibliotecas, leyes en favor de los grupos indígenas, Maximiliano de México continuó trabajando en su propia morada. Incluso la avenida por la que hoy subimos al llamado Castillo de Chapultepec fue parte de estas adecuaciones ordenadas por Maximiliano ya que hasta antes de su estancia en dicho conjunto el ascenso era por medio de un escarpado sendero el cuál partía desde donde hoy se ubica la “fuente de la templanza”, el deseo de Maximiliano por convertir su nuevo Palacio Imperial en una fascinante añoranza por su entrañable Miramar lo llevó a alterar mucho de este edificio dándole una nueva vida. De entre la correspondencia que Maximiliano enviara a su hermano el Archiduque Fernando Luis destaca el siguiente párrafo: “El país es en realidad muy hermoso… los alrededores de la capital tienen el carácter de la inolvidable Lombardía, magníficas praderas, hermosos árboles y abundancia de agua.

Vivimos alternativamente en el gigantesco palacio de la ciudad –un viejo y venerable edificio con mil cien habitaciones– y en Chapultepec –el Schönbrun de México–, un encantador palacio de placer sobre una roca de basalto, rodeado de los gigantescos y gloriosos árboles de Moctezuma, y desde cuya terraza se ofrece una perspectiva de tal hermosura que quizá sólo haya contemplado otra que se acerca en belleza en las afueras de Sorrento.”

Empecemos por discernir un poco en la construcción del que conocemos como “Castillo” de Chapultepéc, si bien, este recinto se construyó expresamente como un Palacio Virreinal, el Barón Alexander Von Humboldt lo definió como un Castillo, entendiendo por esto como un cuartel amurallado medieval y así quedó en el imaginario del mexicano. Este tema nos obliga a hablar de un personaje muy polémico en la historia de México, si bien para muchos, Don Porfirio Díaz fue un tirano de acuerdo a la implantación de leyes o para muchos “medidas extremas” como la persecución a imprentas que se dedicaban a satirizar su gobierno tachándolo de “afrancesado”, aspiraciones que siempre se asociaron con el carácter político del Gral. Díaz, o la polémica “ley fuga”, para otros, por el contrario, Porfirio Díaz tuvo un carácter sólido en la época histórica tan turbulenta que le tocó vivir.

Don Porfirio Díaz vivió en este lugar hacia 1886 y comenzó a hacer implementaciones tecnológicas muy importantes, ya que gracias a la Revolución Industrial, el poder adquisitivo de las clases altas en México vio un aumento paulatino y con esto, el Gral. Díaz instaló luz eléctrica en el recinto y a su vez trajo a México el elevador que también en la actualidad forma parte del monumento histórico. Cabe resaltar la importancia de este último elemento ya que por muchos es considerado como el primer elevador en funcionamiento del país. Con estas adecuaciones se instalaron los primeros dos elevadores en la época porfiriana, uno hidráulico para subir desde el pie del cerro (que es el que visitaremos en nuestro recorrido) y otro eléctrico para el servicio interno. Haremos un alto en el relato para tocar un poco la historia de estos elevadores hidráulicos que fueron inventados en el siglo XIX, entonces vemos que a su llegada a México era uno de los elementos de punta en la tecnología de la época, el inventor se llamó Richard Dungeon, nacido en Edinburgo pero que llegó a los Estados Unidos junto con su familia en las oleadas de inmigrantes. Se establecieron cerca del barrio de Harlem y montaron un taller mecánico que existe a la fecha bajo el nombre de “Richard Dudgeon”.

El invento de Dungeon facilitó el trabajo pesado y siguió uno de los principios de Pascal que establece que la presión contenida en un recipiente es igual desde todos los puntos, es así que siguiendo esta regla de la física por medio de un engranaje de cilindros es posible levantar grandes y pesados cuerpos. Este elevador fue utilizado por Díaz, su familia y la gente más cercana a su familia que trabajaban como servidumbre personal. Sin duda alguna, el elevador así como la instalación eléctrica y también la instalación de un telégrafo en la residencia de Chapultepéc que permitió la primer llamada telefónica en la Ciudad fueron implementaciones importantes en la época porfiriana, buscando sin duda, más comodidades para que la familia presidencial viviera en dicho recinto, aunque las adecuaciones y modificaciones del antiguo Palacio Virreinal vienen desde épocas anteriores, el intento por poner a México en contacto con las vanguardias tecnológicas, sin lugar a dudas fue un punto por el que Don Porfirio luchó hasta que su época de gobierno llegara a su final.

Uno de los espacios más maravillosos del "Castillo" de Chapultepec es la galería de los emplomados, estos hermosos vitrales fueron traídos a México por el Gral. Porfirio Díaz quien encargó su manufactura a la compañía Champigneulle Fills con sede en París, Francia. En ellos vemos a 5 Diosas de la mitología clásica grecolatina:

  • Pomona - Diosa de las cosechas y sus frutos.
  • Flora - Simboliza la belleza.
  • Hebe - Porta el néctar divino y representa la juventud eterna.
  • Diana - Diosa cazadora, relacionada con la fertilidad.
  • Cede - Diosa de los granos y la fertilidad.

Las cinco Diosas están relacionadas con el ambiente pródigo de los Campos Elíseos que dominaban una parte del cielo, sabemos que durante el régimen Porfirista, México sufrió un periodo de afrancesamiento provocado por la eterna concepción de ver a Francia como el centro cultural del mundo.

Horario

Martes a domingo de 09:00 am a 5:00 pm

Costo

$75 pesos por persona

Los domingos la entrada es gratuita para todo el público nacional y para los extranjeros residentes en México.

Entrada gratuita general: Niños menores de 13 años Personas mayores de 60 años Maestros y estudiantes con credencial vigente Pensionados y jubilados con credencial Personas con discapacidad

Dirección

Primera Sección del Bosque de Chapultepec s/n San Miguel Chapultepec, C.P. 11580 Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, tiene su acceso principal sobre la Avenida de la Reforma por la famosa Puerta de los Leones, después del acceso por una rampa se llega a la zona de taquillas y las rejas del Castillo.



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