Las Calaveritas Literarias Ingenio Mexicano Puro.

México no es México sin sus fiestas y el Día de Muertos no es nada sin un buen borlote. Y qué mejor manera de encender los corazones, sino una buena Calavera Literaria. Estas poesías populares son nuestro mejor retrato con la muerte, en ellas el mexicano se mofa y desafía a la Muerte, se burla de amigos y hasta de presidentes; al fin y al cabo, como dijo el grabador Guadalupe Posada, la muerte es democrática, por eso en las calaveras literarias hay verbena para todos.

En uno de los capítulos del Laberinto de la soledad, el poeta mexicano Octavio paz decía que en ciudades como Nueva York, Londres o París, “la muerte es una palabra prohibida que quema los labios”. Mientras que el mexicano -prosigue en su ensayo- acaricia la muerte, la festeja y hasta duerme con ella. Yo añadiría que si al extranjero la palabra muerte le quema los labios, al mexicano le enciende la lengua: las calaveras literarias son un beso pícaro que se le roba a la Muerte y se le entrega al pueblo como diversión. Y ya que cometimos la osadía, la cometemos bien más vale pedir perdón que permiso, y nos burlamos hasta de los políticos.

Las calaveritas literarias

Si nunca has escuchado hablar de una calavera literaria o estás interesado en averiguar qué es exactamente, se trata de una composición literaria popular. Esto significa que la calavera literaria no posee una forma canónica, es decir, obligatoria, y puede tratar sobre cualquier asunto, siendo los de la vida cotidiana los más frecuentes. Sin embargo, podríamos entender que la calaverita tiene una sola regla: ser humorística.

¿Qué es una calaverita literaria?

La calavera literaria es una composición humorística y satírica, porque se ridiculiza todo aquello que por lo general es respetado. La ironía es el elemento de donde proviene lo cómico, como una cantimplora del humor. Esta poesía popular se dedica a familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Por lo general, se aprovecha para ridiculizar a quienes poseen un puesto o jerarquía superior, por ejemplo: un jefe, un profesor o algún hombre poderoso.

Para terminar de comprender qué son las calaveras literarias, hay que tratar un tema fundamental: el de la ironía, sin esta no serían graciosas. A grandes rasgos, en todas las situaciones descritas en una calavera, el personaje trata de engañar a la Muerte, y cuando parece que, de manera ingeniosa, se ha salido con la suya, la Huesuda lo encuentra de una forma inesperada y su muerte es inevitable. Definitivamente, podríamos decir que las Calaveras poseen un humor cruel, pero son una manera de suavizar el terror que nos causa la certeza de que todos moriremos sin excepción.



Las calaveras no vienen de ultratumba, sino de nuestra historia

Como sucede con todas las tradiciones, a veces nos cuesta trabajo rastrear el origen de las costumbres que nos son tan familiares o inclusive obvias, como un detective siguiendo pistas que lo llevan a sí mismo. Por fortuna, en el caso de las calaveras literarias existen registros que nos ayudan identificar el nacimiento de las calaveras, aunque suene irónico que algo fúnebre pueda nacer. Algunos estudiosos proponen que las Calaveritas literarias son herencia de la literatura satírica de finales de la Independencia de México, puesto que en tiempos de insurrección se tiende a ridiculizar lo establecido.

En el siglo XIX, aparecieron las primeras calaveritas literarias como las conocemos, se ilustraban en las tumbas de los difuntos. Hay que prestar mucha atención a las calaveras ilustradas. En este siglo también aparecen los grabados satíricos de Guadalupe Posada y Manuel Manilla. El primero es el creador de la icónica Catrina: una calavera con sombrero francés de pluma de avestruz a la que llamó la Calavera Garbancera.

Más de un siglo de calaveras

Si me permito perderle el rastro -que en realidad no lo hago- a la calavera literaria es porque los grabados de calaveras ilustraban a las calaveritas en los periódicos y revistas del siglo XIX. He ahí el nacimiento de las calaveras actuales, mismas que por la época las llamaban Panteones. De este modo, circulaban composiciones populares en publicaciones de todo México para hacer sátira de la desigualdad social y las aspiraciones de cada clase.

Parece que la muerte y la verdad tienen algo en común: no son del agrado de nadie; y menos cuando ambas se juntan para hacer burla de los peces gordos de la política; algo que entendían muy bien los altos mandos del país en tiempos de la Revolución Mexicana ya que prohibieron que se calaverizara al Presidente y todo su círculo político. Así que las “inocentes” Calaveritas se tuvieron que conformar con llevarse al Campo Santo solo a periodistas, artistas y demás gente del mundo intelectual.

Como sucede en cualquier calavera literaria, por más astuto que sea el difunto, al que le toca le toca. Durante la década de los años 60 regresaron a la vida política estas Huesudas burlonas: en medio de la agitación social surgieron altares de muertos y composiciones satíricas que condenaban la matanza de estudiantes del 68 en la Ciudad de México. Pero no solo pueden usarse para atacar, estas embajadoras de la Muerte sirvieron como aliciente social después del terremoto del 85; donde ayudaron a sellar las grietas y cuarteaduras de una sociedad adolorida.

Las calaveras del “tercer milenio”

En la actualidad, las calaveras literarias son tan populares entre los mexicanos de todas las edades, que ya forman parte de la cultura mexicana de nuestros días. Ha sido tal su impacto, que todos los mexicanos han escrito una como parte de un trabajo escolar. Pero nuestra fascinación por la muerte y la fiesta va más allá, en las escuelas como en las alcaldías de todas las ciudades de México es costumbre celebrar un concurso de calaveras literarias. Y la creación de calaveras literarias no es exclusiva del pópulo, también escritores de oficio echan mano de la picardía calaveresca para denunciar problemas sociales.

Debido a que la calavera es del pueblo y las diversiones del pueblo son más diversas que leer una calaverita literaria, la burla y desafío de la muerte también se encuentran en la música popular donde son numerosos los corridos sobre el tema; también es recurrente que en la artesanía, los cráneos de calavera de dulce se mantengan las tradiciones de calaverear. El término de calaverear se refiere a aquellos jóvenes de algunos pueblos que reunidos entre amigos van de casa en casa haciendo representaciones teatrales breves de velorios, acompañados de bailes y versos pícaros; los espectadores les regalan algo dinero o comida como compensación a su espectáculo.

Si pensara en condicionantes para la producción de calaveras literarias, solo podría encontrar que estas son exclusivas de la temporada de muertos, porque en cuanto a su distribución no hay límites: una calavera literaria no necesita del mundo editorial, ni siquiera de los periódicos y revistas, que fueron pioneros en su difusión, basta con compartirlas de forma oral o regalarlas en alguna fiesta de un pueblo en simples hojas de papel de colores.

¿Muertos de risa? ¿Qué significa la calaverita?

¡Qué valiente!, ¡qué bravo es el mexicano!, que pone cuernos a la muerte y la torea entre amigos y carcajadas en la fiesta grande del pueblo. Eso podríamos pensar, pero… ¿Qué tal si toda esta fanfarronería no es más que el intento por oculta un terror enorme a la muerte? En la teoría psicológica, la risa sirve para liberar tensiones en momentos de estrés. En ese caso, sería cierto que la risa destruye el respeto y el miedo; la calavera literaria es un intento por calmar a la implacable muerte. Un cómico intento, porque detrás la sonrisa colorida se dibuja el miedo.

Pero relajémonos un poco, la calaverita literaria es como un tequila, alivia las penas y nos vuelve valientes. Además, a través de ella el pueblo mexicano logra hacer de la muerte un integrante más de la familia. Al invitarla a aparecer en las actividades cotidianas del populacho, al tutearla, al jugarle bromas, la muerte se vuelve mundana y dejamos de temerle. La calavera literaria significa echar mano del humor para sobreponerse a la tragedia de morir.

Al mismo tiempo, la calaverita literaria significa permiso para hacer lo que el mexicano generalmente no se atreve hacer, puesto que en sus versos se aborda la inconformidad social; se denuncian las injusticias y los malestares de la época, que de otro modo seguirían reprimiéndose. No en vano Guadalupe Posada vengaba al pueblo en sus Calaveras, diciendo que la Muerte se lleva tanto a ricos y pobres. ¡Ay, diantre Huesuda, nos arrebatas la vida, pero qué gustos nos das!

Morir con sentido del humor

En una de las canciones de José Alfredo Jiménez, el Poeta Ranchero, se dice que: la vida comienza siempre llorando y así llorando se acaba… Y si la muerte es una tragedia inevitable, hay que hacer de nuestra vida una calaverita literaria: ser un pícaro y morir con buen humor, con sonrisa de calaca. Pareciera que en la calavera literaria se evidencia el pensamiento mágico de México, la fantasía de reconciliarse con la Muerte haciéndola parte de la vida cotidiana, invitada de honor en una de nuestras fiestas, inspiración del arte popular y hasta integrante consentida de la familia. Pero como en toda buena calaverita literaria, la Huesuda ha de llevarnos a todos, con todo y fiesta. ¡Vaya broma!, todo el que nace está muerto.

Texto original en: https://www.calaveras-literarias.com/que-es-una-calavera-literaria/

Quizás te pueda gustar

Deja un comentario