El Arte Renacentista

Este concepto de Renacimiento se da a inicios de la época moderna en cuanto a las corrientes y tradiciones artísticas, el predecesor de la época renacentista es la Edad Media, la cual es calificadas como “tiempo de bárbaros” ya que se considera el nivel artístico de esta época ni siquiera se podía considerar arte como tal. La ruptura que genera el Renacimiento genera cambios con el esquema generalizado del concepto de arte, en el Renacimiento se comienzan a crear estudios o talleres de arte que controlan los grandes mecenas que de una vez por todas abandonan el anonimato para volver de su propia persona un ser admirado y respetado, ellos controlan el desarrollo y la práctica de los posibles nuevos artistas dentro del taller donde su voz es la única válida.

El Renacimiento es entonces, el movimiento cultural y artístico iniciado en Italia en el siglo XV que dirige sus ojos al clasicismo romano y al hombre como centro de las cosas, sobre todo esto se ve en un exacerbado respeto a la simetría del cuerpo humano representado en pinturas y esculturas, las columnas de corte dórico que rememoran las gruesas pilastras de templos romanos que a su vez se basaron en la arquitectura griega superando la tradición teocéntrica del Medievo. No es de extrañar que sea en Italia donde se produce tal proceso pues el impresionante legado del viejo imperio romano estuvo presente incluso en plena época medieval y el mundo italiano nunca se llegó a desapegar del todo, como demuestra, incluso, su arte románico peculiar.

En el apartado de arquitectura renacentista se pondrá especial atención a dos sub-estilos o modalidades tan castizas como el plateresco, el barroco o el estilo herreriano. Algunos de los escultores más significativos son Vasco de la Zarza, Diego de Siloe, Juan de Juni, Alonso Berruguete, la familia Leoni, etc. En lo concerniente a la pintura renacentista del siglo XVI hay que destacar a Juan de Juanes, Alonso y Pedro Berruguete, Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Luis de Morales "El Divino" pero muy especialmente el sublime y espiritual genio del manierismo "El Greco".



Al tener su origen en Italia, el periodo renacentista se puede dividir en dos grandes periodos artísticos, cada uno con particularidades y sobretodo una cronología específica:

El Quattrocento es el Renacimiento en su expresión más pura y sutil, todo movimiento artístico desarrollado en Italia durante el Siglo XV entraría en esta denominación.

El Cinquecento se considera la etapa de oro en el Renacimiento y abarca a todo el Siglo XVI.

Una de las características del Renacimiento es que se retoman los paisajes y la naturaleza como elementos centrales de cualquier expresión artística, para esto, los ejecutores de tales obras necesitan una educación superior en botánica y ciencias naturales para dejar de lado su “yo medieval” que les corta los canales de expresión al no tener una preparación científica adecuada. El Humanismo aparece como catalizador cultural individual que comienza a influir fuertemente en las esferas sociales y hace añorar, recordar y buscar remembrar el pasado clásico que se considera la época gloriosa del surgimiento de las dos grandes cunas culturales del mundo: Grecia y Roma, es por eso, que gran parte de la arquitectura renacentista se centra en copiar elementos de la arquitectura antigua como las columnas acanaladas, frisos tablereados y frontones triangulares que se transportan desde el antiguo Monte Olimpo en Grecia o de la fastuosa Ciudad mítica de Roma en la época imperialista del César.



Por generalidad se sabe que en Italia fue donde tomó fuerza este movimiento artístico, pero más específicamente fue en la provincia de Florencia donde las élites comenzaron a apoyar y consumir este nuevo arte naciente, es por eso que el máximo bastión y representante del Renacimiento es esta pequeña ciudad Italiana, la perfección del cuerpo humano a como los griegos o romanos lo percibían comienza a ser la nueva tendencia en la manera de representar la anatomía del cuerpo, el uso de cariátides, atlantes, Atlas y sugerentes posiciones y perspectivas como la que tiene el David de Miguel Ángel comienzan a abarcar todas las corrientes artísticas propias del Renacimiento.

Entre las principales características del arte renacentista, cabe destacar por encima de todas que el cuerpo humano recupera su importancia (antropocentrismo). Se busca la belleza mediante el equilibrio y la armonía; y se persigue el naturalismo. Se recupera la escultura exenta y entre los principales materiales que se usan destaca el mármol y el bronce. Y en cuanto a los temas, se recuperaron los mitológicos y aunque en menor medida que en el gótico, también encontramos temas religiosos. Junto a todo esto, aparecerá un arte que producirá la ruptura de los cánones formales y buscarán nuevos métodos de expresión: el Manierismo. Su origen está en las últimas obras escultóricas de Miguel Ángel y de sus discípulos. A grandes trazos, este movimiento se caracterizó por la distorsión de las figuras, la creación de espacios irreales y la utilización de colores muy claros o muy vivos.

Durante el Renacimiento la Iglesia perdió poder social: se dividió la idea de la religión y del hombre, en el sentido ideológico la razón contra la fe, es de este periodo un famoso dicho que reza que un devoto o religioso jamás verá y percibirá el Arte Sacro de igual manera que un científico. Si bien el arte renacentista tomó como figuras principales a los ángeles, los apóstoles y a Dios, sus pinturas ya no ubicaron a la razón como algo impuro o prohibido sino que el conocimiento ganó terreno y prestigio en desmedro de la religión, esto supuso también el inicio de corrientes artísticas sublevadas de la religión, ahora no era necesario ser un devoto para plasmar en un lienzo o escultura un pasaje bíblico o una escena cargada de sacralidad, muchas Iglesias en Europa comenzaron a encargar trabajos de esculturas de bulto a los diferentes artistas que no necesariamente tenían que ser fieles de los símbolos litúrgicos del catolicismo.

Las técnicas que se utilizaron en esta época fueron el fresco, el óleo y el temple y los temas de las obras fueron fundamentalmente religiosos aunque también hubo un surgimiento de temas mitológicos, retratos y alegóricos. Se hizo mucho foco en la composición central del tema pero también en el uso del color, el volumen y las formas. Como soporte de las obras, se usaron techos, lienzos, paredes y elementos para coronar los grandes edificios, se comienzan a decorar cúpulas, cupulines, linternillas y enjutos de las catedrales e iglesias. Los elementos constructivos principales fueron los arcos (generalmente de medio punto), las columnas y las cúpulas y como elementos decorativos se utilizaron medallones, almohadillados, guirnaldas, volutas, pórticos, pilastras con decoración heráldica, frontones y grutescos.

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