Antígona

Sófocles fue un dramaturgo del período clásico, partidario de tomar como precepto las leyes divinas, con el fin de preservar el orden cósmico. Para él, resulta ineludible apelar a una ética universal. De entre sus obras figura: Edipo rey, Áyax y Antígona. El actor, director y dramaturgo David Gaitán adaptó ésta última. De la obra original conservó conceptos primordiales como la justicia y la verdad. Ambos términos son relevantes para entender la tragedia griega. Por otro lado, a la luz del mundo contemporáneo resulta complejo mantener un enfoque Sofocleano porque actualmente vivimos en una sociedad desvinculada del culto religioso. Éste es el principal quiebre entre el mundo clásico y el contemporáneo, la idea de un orden cósmico orquestado por una Deidad ha perdido fuerza en nuestros días. Por ello la necesidad de modificar o tergiversar el planeamiento de la obra clásica. El conflicto no descansa en restablecer el orden cósmico (aunque está presente implícitamente en la obra del dramaturgo mexicano) sino en poner de relieve los alcances del poder político y sus perversiones. En este tenor, la interpretación de Gaitán focaliza el tema de la justicia por ser prioridad contemporánea y no el tema de las leyes divinas y orden cósmico.

La obra inicia con un discurso contundente:

Pido representar al Estado en el caso que nos ocupa. El interés público es evidente; si bien ése no ha de ser criterio para hacer de un proceso el mejor, sí es una oportunidad para enviar un mensaje claro sobre nuestra capacidad de comprender fenómenos, dotar de un ejemplo visible al colectivo y acercarnos un poco más a esa fantasía de democracia que este gobierno ha sugerido como ideal. Desde siempre el Estado ha tenido sólo un arma, la fuerza física; nunca se ha declarado capacitado para confrontar la razón, la inteligencia...no, sólo el cuerpo del acusado. Desde ahí amenaza y castiga. Imaginemos un sistema diferente donde lo que impere sea la obligación de razonar a partir de la verdad.

Así, ante lo fallido, el pueblo sabrá que la forma de confrontar al Estado no es únicamente violenta, puesto que está frente a un Estado capaz de razonar. (Gaitán, 2015, p. 172)



Con lo anterior podemos inferir que la obra posee una orientación política. Gaitán reformula el texto para brindar al espectador otra lectura, una lectura situada en problemas actuales como: la imposición disfrazada de “ley legítima”, la misoginia y la injusticia. La dramaturgia de Gaitán permite distinguir las diversas elecciones de un dilema y cómo éste se “resuelve” en nombre de la ley, el resultado efectivamente es una dictadura orquestada por Creonte, dominado por la hybris. Gaitán presenta a Creonte rey de Tebas como un hombre pedante, su preocupación no son los ciudadanos Tebanos, sino él mismo. La deshumanización del gobernante impera en los hechos, los reclamos de Ismene y Antígona se diluyen en un ir y venir de un discurso desgastado por el Estado que segrega a todo ser humano que piensa diferente. Antígona es un grito en nombre de un sector olvidado, la voz del pueblo Tebano. En la obra prevalece el debilitamiento del discurso de Creonte, ya que es señalado en numerosas ocasiones como: mierda, pendejo e imbécil. La cita anterior lo reafirma ¿cómo no recurrir a actos rebeldes y desafiantes ante un gobierno que actúa por la fuerza y no a través la razón? El pueblo se pone al nivel de su gobierno.

El desarrollo de la puesta en escena suaviza el argumento de la tragedia clásica tal como la entendía Aristóteles: Es, pues, tragedia reproducción imitativa de acciones esforzadas, perfectas, grandiosas, en deleitoso lenguaje, cada peculiar deleite en su correspondiente parte; imitación de varones en acción, no simplemente recitado; e imitación que determine entre conmiseración y terror el término medio en que los afectos adquieren estado de pureza. (García, 2016, p. 8). Tomando en cuenta la definición de Aristóteles, el planteamiento de la puesta en escena en cuestión no brinda la oportunidad de sentir conmiseración por Creonte porque se presenta como un tirano egoísta y no como un hombre honorable y respetable, por otro lado, el espectador tampoco siente pena por Antígona porque no muere. En la tragedia clásica la muerte de Antígona detona el suicidio de Hemón y Eurídice, ello ocasiona el arrepentimiento y anagnórisis de los actos del rey tebano. No obstante, el final de la obra de Gaitán es un anhelo de justicia de una sociedad herida y subyugada por el mal gobierno, pues el conflicto culmina con la muerte de Creonte en manos del pueblo y no con la muerte de Antígona.

Gaitán utiliza la tragedia como pretexto y el teatro es el vehículo para criticar, pensar y exhibir nuestra realidad: Los adjetivos están desapareciendo. Tenemos que recuperar la complejidad, la amplitud de pensamiento. Ésa es la peste que nos azota ahora. Comenzó como una presencia intangible, inofensiva en apariencia, hasta divertida, pero está tomando cuerpo y debemos detenerla. ¿Cómo se está materializando? ¿Dónde puede verse? En nuestro sistema de justicia, por ejemplo. Todo aparato jurídico debe someterse a la decisión del pueblo, sí, pero el pueblo está envenenado. Y el sistema, cegado en su búsqueda de popularidad, está respondiendo a los mismos esquemas simples, esos que con un plumazo descalifican un andamiaje complejo de motivaciones. No propongo extirpar al pueblo de la ecuación. Propongo vacunarnos. Generar espacios de discusión que obliguen a analizar un cuerpo de conflicto en tres dimensiones, en cinco. Discutir no es sólo una capacidad; debemos convertirlo en obligación, mucho más cuando, como ahora, es la justicia el tema sobre la mesa. (Gaitán, 2015, p. 6)

En este sentido, queda claro para el lector que la preocupación inminente del autor no yace en conservar la esencia de la tragedia clásica de Sófocles, sino en exponer las deficiencias y vicios del poder político. El espectador que acuda al teatro a ver la puesta en escena encontrará una semiótica propia del dramaturgo, vinculada efectivamente a nuestra realidad. Por consecuencia, el trabajo hermenéutico de David Gaitán en la obra de teatro Antígona es motivo de ovación, elogio, asombro, aversión, rechazo y extrañamiento.

Bibliografía:

-Gaitán, D. (2015). Antígona. [Documento en PDF]. Consultado 19/08/2019.

-García, J. (2016). Aristóteles. Poética. Ciudad de México: UNAM.

-Sófocles. (2005). Antígona: Traducción, introducción y notas. Buenos Aires: Biblos.



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