El Arte Prehispánico

México es un país pluricultural y la riqueza se ve reflejada en las diferentes corrientes artísticas que a lo largo de la historia han dotado al país de un bagaje cultural muy extenso, desde las manos indígenas que crean hermosos textiles y bordados hasta las corrientes de grandes muralistas y pintores mexicanos nuestro país es poseedor de uno de los legados artísticos y culturales más bellos y ricos a nivel mundial.



Para abordar el tema haremos énfasis en las 3 principales corrientes artísticas para la época prehispánica. La cerámica, la pintura mural y la escultura. La cerámica es un marcador directo del desarrollo de las sociedades mesoamericanas dentro de sus tres divisiones cronológicas básicas: Preclásico, Clásico y Posclásico, la cerámica es signo de culturización y sedentarización ya que las primeras cerámicas muestran formas básicas y con defectos de cocción en hornos, esto va a ir cambiando conforme las sociedades se vuelvan más especializadas y comiencen a aparecer grupos de alfareros dedicados al cien a esta actividad, la cerámica se puede dividir en dos tipos: de uso doméstico que generalmente son monocromas (con un solo color base) y de uso ritual que son polícromas (con varios colores), a la llegada de los españoles existía un sinfín de tipos cerámicos siendo unas de las más bellas las producidas en Cholula y la región mixteca de Oaxaca.

Teotihuacán marcó un parteaguas en la historia y el desarrollo mesoamericano, para ejemplificar la pintura mural usaremos su ejemplo teniendo en cuenta siempre que existen diferencias regionales sopero la técnica es prácticamente la misma en todo el territorio de Mesoamérica. Los teotihuacanos iniciaron la pintura de murales alrededor del año 300 d.C. decorando pequeñas estructuras en la Calzada de los Muertos. Hacia el año 500 d.C. comenzaron a hacerlo en los conjuntos departamentales. Tal vez impulsada por un auge religioso, Teotihuacán se convirtió en una "ciudad pintada", no solo estaban decoradas las paredes de los templos y las casas por dentro y por fuera, sino que las calles mismas estaban estucadas y pintadas, en colores blanco y rojo.



En primer lugar tenemos que resaltar que quienes se dedicaban a esta tarea debieron de tener una preparación especial que los capacitaba para escoger los pigmentos y aplicarlos sobre los muros pulidos. Por otra parte, la calidad del trazo y la armonía del mural, unidos a la captación de determinados motivos, ya fueran aves, felinos, plantas o dioses, resultan realmente impresionantes. Podemos pensar que debieron de existir escuelas en las que se formaban auténticos escultores y pintores. Para acercarnos a la expresión pictórica teotihuacana lo primero que debemos hacer es olvidarnos de los cánones occidentales. La cultura teotihuacana utilizó sus propios principios, estilos y características para expresarse.

El artista tendría que pulir perfectamente la superficie a pintar. Un buen conocimiento de los aplanados era indispensable para lograrlo. Se han encontrado pulidores de piedra con los que obtenían la tersura del muro por medio de un fino estuco, hecho a base de cal, que serviría de base para extender sobre él los motivos. Una vez preparado se pasaría a la siguiente fase: hacer el trazo con líneas negras de todo el diseño. Lo anterior podemos observarlo, por ejemplo, en el mural de las aves en vuelo del Palacio de los Caracoles Emplumados; ahí se advierte claramente este trazo en partes donde se ha caído el color. Una vez logrado el bosquejo se procedía a colocar los pigmentos según se requiriera.

En el tema de la lapidaria (escultura), usaremos como ejemplo a los mexicas que representan la máxima expresión de este tipo de arte en época prehispánica. Es bien sabido que dentro de las antiguas sociedades mesoamericanas, los mexicas fueron los herederos de aquellas culturas ancestrales que los precedieron. Ello lo podemos evidenciar en las cuantiosas ofrendas encontradas en el recinto ceremonial de Mexico-Tenochtilan: Templo Mayor. Mascaras provenientes de Teotihuacán, una máscara de la cultura Olmeca, figurillas de la cultura Mezcala, etc. Sin embargo, en el arte escultórico podemos afirmar que los mexicas lograron la cúspide que ninguna otra sociedad mesoamericana logro alcanzar. En lo que respecta a la escultura monumental, esta es la manifestación artística que mejor define al mundo mexica, cuyo estilo se extendió por todo el Altiplano Central. La talla de gigantescos monolitos a lo largo del periodo Posclásico Tardío tomo su inspiración de Teotihuacán y Tula , donde se conservaban enormes figuras, como la imagen de la diosa del agua o los llamados “atlantes”, columnas de piedra en forma humana que sustentaban el techo de los templos. La gran aportación de los habitantes de Tenochtitlan al arte mesoamericano fueron los monolitos dedicados al culto solar, donde se muestran sus conquistas militares junto a la imagen del astro. Esos monolitos materializan la idea religiosa de los aztecas, que siguiendo los mandatos de Huitzilopochtli impusieron su dominio militar por todo el universo conocido.

Las esculturas, monumentales o de formato menor, se mostraban públicamente en espacios abiertos o en los altares de templos y palacios. Aquellas de aspecto humano –deidades, sacerdotes o el pueblo mismo- representan a los habitantes del universo sagrado creado por los dioses. Las figuras de plantas y animales, naturalistas o antropomorfas, vinculan el mundo de la naturaleza con el orden cósmico de la creación. Como podemos ver, la escultórica mexica fue la expresión máxima de arte y religiosidad por parte de los mexicas y uno de los tantos aportes de esta cultura.



Como ejemplo de la lapidaria de gran formato tenemos que mencionar el monolito más grande conocido a la fecha manufacturado en época prehispánica: Tlaltcuhtli. El 2 de octubre del 2006, los arqueólogos del PAU descubrieron una gran piedra labrada, los motivos asomaban una silueta femenina descarnada. El importante hallazgo tuvo lugar en el predio conocido como “Casa de las Ajaracas” contiguo a la Zona arqueológica de Templo Mayor, el gran monolito se encontró en lo que según las excavaciones y hallazgos, sería el pie de las escalinatas principales del Huey-Teocalli de México-Tenochtitlán, tras varias hipótesis, estudios iconográficos y teorías sobre a quién representaba dicho monolito, se confirmó que se trataba de Tlaltecuhtli en su faceta femenina, la señora de la tierra.

4 años luego de trabajos de restauración, en 2010, se expone por primera vez a la vista del público el enorme monolito de Tlaltecuhtli, fabricado con andesita rosada proveniente del Cerro Tenayo, mide 4 por 3.50 metros, un espesor de 40 centímetros aproximadamente y un peso estimado de 12 toneladas en el vestíbulo del Museo de T.M. En los diferentes códices vemos que a la tierra (tlaltecuhtli) se le representa comúnmente devorando a hombres y Dioses. Su plástica casi siempre muestran a un personaje (ya sea hombre o mujer) tendido en decúbito ventral con la cabeza totalmente echada hacia atrás al grado de dar la impresión que esta descansa en la parte superior de la espalda y con la barbilla tocando el suelo. Sus pies y manos no aparecen como tales sino que han sido sustituidos con garras engalanadas para representar otros tantos cráneos humanos.

En rodillas y codos también porta esos cráneos aludiendo a su carácter mictlánico, algunas teorías apuntan a que esto se trata la representación de fauces que Tlaltecuhtli utiliza para devorar hombres y astros, en su cabeza luce una ensortijada cabellera rala y negra que es una característica propia de las deidades oscuras y del inframundo, una cinta le pasa por en medio de la frente y va aderezada con 6 plumones y en sus representaciones ubicadas dentro de los cuauhxicalli (depósitos para ofrenda en forma de águila) se le ve acompañada por animales terrestres como serpientes, ciempiés, alacranes y arañas.

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